Su llegada siempre es esperada. Nunca las cámaras le serán esquivadas. Juan Román Riquelme siempre está en el foco. El presidente de Boca llegó al Monumental para ver el Superclásico. Llegó por separado del plantel y con diez minutos de retraso, acompañado por el personal de seguridad.
Román, rodeado de cámaras, caminó directo hacia el vestuario xeneize, saludó a los empleados del club y se metió rápido entre las paredes que tanto conoce y que tan buenos recuerdos le trae.
El presidente xeneize, presente en el superclásico
Román verá el partido desde el palco, rodeado por la delegación que llegó desde Boca. Los únicos que ingresaron al vestuario fueron Ricardo Rosica, secretario general del club, y los empleados de prensa. Su presencia se siente incluso desde arriba: cada gesto suyo es seguido por todos, cada mirada al campo marca que, para Boca, el Superclásico tiene un respaldo extra.
El Xeneize llega al choque en alza: doce partidos invictos, confianza en el cuerpo técnico y en el plantel. Y la presencia de Román, lejos de ser un simple espectador, es un mensaje claro: respaldo total a los jugadores, al cuerpo técnico y al momento del equipo.

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