En River, Santiago Beltrán está dejando de ser el pibe arquerito para transformarse en el dueño del arco. A una fecha para que termine la fase regular del Torneo Apertura, tiene 11 vallas invictas en 20 partidos: Barracas, Gimnasia, Rosario Central, Vélez (el 0-1 se lo metieron a Armani), Sarmiento, Estudiantes RC, Belgrano y Racing por el Torneo Apertura; Carabobo y Bragantino en Sudamericana y Ciudad de Bolívar en la Copa Argentina. Un registro que no solo habla de números, sino de una evolución sostenida en rendimiento, personalidad y liderazgo bajo los tres palos.
Una por una, todas las vallas invictas de Beltrán
Su primera vez fue ante Barracas, en su debut absoluto en la Primera de River. Aquella tarde, el Guapo casi no lo exigió: el equipo dominó el trámite y ganó 1-0. Beltrán tuvo una sola intervención clara, una tapada a Morales en el inicio, pero dejó una imagen de sobriedad que empezaba a insinuar lo que vendría.
En el siguiente compromiso, frente a Gimnasia, volvió a responder con solvencia en la victoria 2-0. Sin grandes sobresaltos, el partido le sirvió para afianzarse: seguro en los centros, criterioso con los pies y atento para anticipar cuando el rival insinuó peligro. Fue una actuación que reforzó su confianza en un arco siempre exigente.
El salto de calidad llegó en la tercera fecha, con el 0-0 ante Rosario Central. Allí ya no fue un espectador: atrapó cabezazos bajos, resolvió remates cruzados y de larga distancia, y sostuvo la firmeza en los centros, un recurso que empezaba a convertirse en su sello personal.
Su cuarto encuentro lo puso a prueba en un contexto adverso. Contra Ciudad de Bolívar, por Copa Argentina, en un momento delicado del ciclo Gallardo, volvió a responder. Firme por arriba, tapó un mano a mano clave y mostró seguridad en las salidas bajas para sostener el 1-0 en un partido de alta tensión.
En la sexta fecha tuvo un rol particular. Ante Vélez, comenzó en el banco por el regreso de Franco Armani. Tras la lesión del Pulpo, ingresó a los 45’, justo después del 0-1 que sería definitivo. En ese tiempo en cancha, Beltrán mantuvo el arco en cero: le tapó un mano a mano a Braian Romero y desvió un zurdazo al ángulo, dejando en claro que estaba listo para cuando le tocara.
Ya con Eduardo Coudet como entrenador, llegó otra prueba importante frente a Sarmiento. En el 2-0 en el Monumental, fue decisivo: resolvió dos mano a mano con inteligencia y timing. Fue una actuación bisagra, la que terminó de convencer a todos de que podía adueñarse del arco a largo plazo.
Ante Estudiantes de Río Cuarto, en otro 2-0, volvió a transmitir seguridad. Si bien River sufrió en algunos pasajes, respondió cada vez que lo exigieron. Incluso en la jugada del gol anulado al rival, no tuvo responsabilidad, reafirmando su solidez general.
Contra Belgrano, en el 3-0 como local, se erigió como el patrón del área. Intervino con atajadas salvadoras, tapó cabezazos a corta distancia, salió lejos para cortar avances y volvió a mostrarse confiable tanto en el juego aéreo como con los pies.
Frente a Racing, en la victoria 2-0, dio otro paso en su crecimiento. Respondió en un mano a mano, estuvo preciso en los achiques y mostró claridad en la salida. Fue su primera gran prueba ante un rival de peso y la superó con autoridad.
En el plano internacional, su primera valla invicta llegó ante Carabobo, en el 1-0 en casa por la Copa Sudamericana. En un partido dominado por River, tuvo una intervención clave: un remate de media distancia que sacó del ángulo, demostrando reflejos y concentración.
La más determinante hasta ahora fue ante Bragantino. En una actuación consagratoria, fue la figura total: atajó un penal, descolgó otros dos remates peligrosos y confirmó su evolución en el juego con los pies, transformándose en una pieza más para iniciar desde abajo. Una noche que terminó de consolidar su presente y alimentar la sensación de que el arco de River ya tiene dueño.
Así, entre actuaciones sobrias y otras decisivas, Beltrán fue construyendo algo más que una buena racha: consolidó una identidad. Seguro en los centros, ágil en los mano a mano y cada vez más influyente con los pies, el pibe que pedía pista empezó a adueñarse del arco con argumentos propios. Sus 11 vallas invictas no son una casualidad, sino el reflejo de un crecimiento sostenido que hoy lo encuentra como una de las grandes certezas de River y con la proyección de sostenerse en el tiempo.








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