Viejos son los trapos, dicen. Cuando se hable de tiempos y años en el fútbol, hay un hombre que tiene bien en claro que puede dar cátedra: Robert Carmona. Charrúa, de 64 años, todavía en vigencia en Juventud Melilla de la ciudad de Canelones (equipo que juega en OFI, organización que regula ligas menores de Uruguay), y que tiene el récord Guinness al jugador más longevo en actividad. Ah, y también un objetivo claro: conocer a Messi y darle su camiseta. «Es mi sueño, dialogar un minuto con él sería increíble», le cuenta a Olé.
Aunque expresa que su entorno está en tratativas con el del 10 (con quien comparte posición en la cancha y pierna hábil, a pesar de que hoy juega más de mediapunta) y que tiene planeado ir a Miami en la época del Mundial para hacer posible el deseo, también lamenta la vez que no pudo darse: «Cuando venía a la eliminatoria acá contra Uruguay (en marzo de 2025), él se lastimó y no vino. En ese entonces tenía todo pronto, ya teníamos camiseta de otro club». Y también tiene fe en que se termine concretando: «Estoy seguro que, conociendo cómo es él, gran ser humano, humildad y corazón, cuando se entere de quién soy, me conozca y vea lo que conquisté, un guiño va a haber de su parte».
De todas formas, conocer a Messi no es el único motivo por el cual tiene en mente ir a Estados Unidos a fines de mayo: además de «hacer algunas gestiones con el Hall de la Fama, con la FIFA y con Guinness», Carmona está participando de una película (que sale el año que viene) con una productora que está en Nueva York. De locos…
El récord Guinness: «Para mí es comparable con un balón de oro»
Al hablar sobre la distinción que recibió, Carmona saca pecho «por ser el futbolista único en actividad oficial y continua, más longevo del mundo y con la carrera más larga». Y también le da un significado más que importante: » Para mí es comparable con un balón de oro, porque ser campeón es colectivo, ¿verdad? Llegar a una final es colectivo. Ahora, cuando te dan el mejor jugador o el mejor gol o el balón de oro es individual. En este caso para mí, el Guinness es lo mismo», dice.
No son palabras vacías: Robert lleva ¡50 años! de carrera. Sí, 50. Y en ninguno tuvo la necesidad de tener un trabajo paralelo. Comenzó en 1976, en el club Doctor Puey de la Ciudad de las Piedras con apenas 14 pirulos, porque «fue una promesa a mi papá que me pidió ser futbolista». Luego, además de Uruguay, pasó por Ecuador, Perú, Chile, Italia, Portugal, Estados Unidos… un total de «entre 52 y 55 clubes, no tengo bien la cuenta porque en algunos repetí», admite entre risas. Incluso, hay algunos que se confunde o no recuerda. ¡Y como para no hacerlo!
Semejante trayectoria le permitió ser contemporáneo a tres de los mejores de la historia: » Cuando Pelé jugaba, estaba Carmona jugando en el ’76, ’77. Cuando jugó Maradona, Carmona ya seguía jugando. Y ahora está Messi y Carmona sigue jugando. Con los tres más grandes del mundo, yo estaba en actividad». No es poca cosa, eh…
«Yo soy de los que dicen que al jugador lo retiran»
Ahora bien, ¿cuál es la fórmula de Robert Carmona? «La rutina para mí no cambió, porque yo no hago lo que hacen hoy, yo me quedé en el tiempo», dice sobre su entrenamiento, sobre los cuales detalla que corre entre tres y diez kilómetros por día, además de «trabajar con pesas, hacer pasadas, arena y sentadillas».
Tal sacrificio lleva detrás un entrenamiento no solo físico, sino también mental. Carmona lo tiene en claro y no coincide con la decisión de los jugadores de dejar la actividad a corta edad: «Yo soy de los que digo que el jugador no se retira, lo retiran, lo obligan a retirarse. ¿Por qué lo vas a hacer a los 30, 32 o 35? Andá y jugá en segunda, tercera o cuarta», expresa.
Claro que lo físico juega lo suyo. El uruguayo padeció seis fracturas, siete operaciones y tiene un pulmón que quedó dañado luego de tener COVID, pero si bien las recuerda como «lesiones gravísimas», Carmona se define como «un gladiador» y «un hombre que va al frente y le gustan los desafíos».
Y entre el fútbol de antes y el de ahora, ¿cuál es mejor? La respuesta se le viene rápida a la cabeza: «Siempre me quedo con lo de antes», dice de manera contundente. «El VAR no ha sido bueno porque sigue siendo manejado por seres humanos, entonces siempre va a haber esa duda, discrepancia o maldad o sin querer. Creo que eso le quita la emoción, la adrenalina que tiene que tener una profesión como el fútbol», agrega.
Su frustrada llegada a Argentina y el día que conoció a Maradona
Dentro de su repertorio de países en los que jugó, Argentina es uno de los que no logró tachar. Y eso que, en 2024, estuvo cerca: » Ya estaba todo bastante hablado con dos equipos de la Primera C. La prensa se enteró, se filtró un poquito antes de tiempo y esa no era la idea. Alguien bajó el dedo ahí, estaba todo pronto. Me cortaron las piernas, como dijo el Diego en algún momento, ja».
Así como cita a Maradona, también tuvo la suerte de conocerlo: «Tengo una gran amistad con Gastón Granados (Intendente de Ezeiza) y un día me dijo ‘vos sabés que viene el Diego, ¿querés verlo?’ ¿Qué Diego? dije yo, muy inocente. ‘Maradona’, respondió. Fuimos al Mangrullo y estaba el restaurante cerrado para él, para nosotros. No pasó media hora que habían mil personas afuera que querían entrar. Tenía un imán», recuerda.
Y también deja entrever lo que generaba Diego para el resto: «Todos, no yo, quedábamos pasmados delante del tipo, no nos movíamos, no podíamos reaccionar, no sabíamos si abrazarlo, darle la mano, mirarlo o bajar la cabeza. El tipo tenía un aura que no se ve en cualquier persona. Cumplí uno de mis sueños más grandes al haber conocido a Maradona y escucharlo hablar».







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