«Ya está. Como dijo Messi cuando ganó el Mundial de Qatar, para mí ya está. El trabajo está hecho». La frase se la dijo Pep Guardiola a Olé en una entrevista exclusiva el día después de ganarle al Inter en Estambul y salir campeón de la Champions League, la primera Orejona en la historia del Manchester City. Era junio del 2023. Tras esa conquista tan ansiada, que a su vez significó la primera del entrenador catalán fuera del Barcelona, Pep comenzó a pensar que su exitoso ciclo en el club inglés estaba próximo a finalizar. Hoy, casi tres años después, más tiempo que el que imaginó en aquel entonces, Guardiola anuncia oficialmente su adiós definitivo. Su «ya está». El genio que revolucionó el fútbol mundial con su Barça y que cambió el estilo de juego del fútbol inglés le pone así el punto final a una era inolvidable de diez años. Deja 20 copas en las vitrinas del club, cientos de récords y la certeza de que volvió a hacer historia.
Olé te cuenta los pormenores de su salida y qué será ahora de su futuro.
Una decisión pensada hace tiempo
Fue casi sobre el final de la temporada 2023/24, poco antes de ganar su sexta y última Premier League y a casi un año de aquella consagración en la Champions, cuando Guardiola sintió que empezaba a quedarse sin la energía suficiente para continuar como líder del ambicioso proyecto del City Football Group e iniciar el proceso de reconstrucción de un plantel que sufriría un recambio lógico. Con señales de agotamiento físico y mental, se reunió por aquellos días con Khaldoon Al Mubarak, presidente del club citizen, y le transmitió esa sensación.
Entre ambos había, a esa altura, mucha confianza. Desde hacía un tiempo habían dejado de tener una relación jefe-empleado para construir un vínculo mucho más estrecho y afectuoso, casi de amistad. El máximo dirigente del club le insistió para que siguiera, que todavía había objetivos por lograr y que su presencia era necesaria y vital dentro de la estructura del poderoso holding que maneja al club de Manchester y a otros 12 clubes más en el resto del mundo. Guardiola sintió ese pedido como una obligación no contractual sino moral y afectiva y transformó ese «me voy» inicial de esa charla en un «lo vemos en unos meses».
Ya a comienzos de la temporada siguiente, la 2024/25, se precipitaron algunos acontecimientos que resultaron decisivos en esta historia. En lo personal se produjo su dolorosa separación de Cristina Serra, su mujer y compañera de vida durante 30 años. Un quiebre íntimo que significó un golpe durísimo en lo anímico. Eso lo llevó a analizar su vida en otro sentido. Lo familiar y personal siempre había quedado relegado a un segundo plano debido a lo prioritario que había sido el fútbol. Eso siempre lo supo pero nunca había tenido una consecuencia tan impactante.
En lo profesional le aparecieron casi en simultáneo dos propuestas sobre la mesa de dos selecciones pesadas, con historia: Brasil e Inglaterra. Desde Sudamérica lo llamaban una vez por semana desde la CBF para seducirlo con dirigir al Scratch. «La mejor selección de la historia del fútbol debe ser entrenada por el mejor entrenador de la historia del fútbol», fue uno de los mensajes que le enviaron. Desde Londres, a su vez, recibía sondeos de la Asociación Inglesa para que reemplazara a Gareth Southgate. Y en el medio, el City se mantenía firme con la oferta para renovar el vínculo hasta mediados del 2027.
Lo sentimental, esa fuerte relación que forjó con Khaldoon, prevaleció por sobre la adrenalina y el desafío que significaba dirigir a un seleccionado nacional por primera vez en su carrera. El dinero no era un tema influyente en su decisión. Los que conocen a Pep saben bien que es muy emocional en sus elecciones. Ante esas distintas ofertas laborales, lo analizó con su almohada, con su gente de confianza y finalmente se dejó llevar por el corazón y por el confort ya conocido que le ofrecía Manchester. Así, aceptó renovar el contrato con la condición de no completarlo en el caso de que él así lo considerara. Inglaterra, entonces, fue por Thomas Tuchel. Y Brasil, por Carlo Ancelotti.
Lo que no imaginaba Guardiola es que viviría su año más difícil y caótico en el City: la temporada 2024/25. En la soledad de su departamento de Manchester, con sus hijos María y Marius ya independizados y con su otra hija Valentina mudada con mamá Cristina a Barcelona, analizaba qué hacer con un plantel diezmado por una insólita racha de lesiones y con otros jugadores, los sanos, en un pronunciado bajón futbolístico. Por eso, en la intimidad, asegura hoy que, paradójicamente, esa fue su mejor temporada como entrenador por los malabares que debió hacer ante tantas adversidades. Considera un milagro que el equipo se clasificara finalmente para la Champions del año siguiente al terminar tercero en la tabla de la Premier League si se toma en cuenta cómo estaba a mitad de campeonato. Incluso, de no haber sido porque Erling Haaland decidió no patear el penal clave en la final de la FA Cup ante el Crystal Palace (decisión que molestó al DT), el City habría levantado un nuevo trofeo.
Fue un año sin títulos, sí, pero con un gran aprendizaje para un director técnico tan detallista y controlador al que le costó bastante manejar su frustración y ansiedad, dos estados de ánimo que confluyeron y hasta lo llevaron incluso a arañarse la frente y el rostro tras un increíble empate ante el Feyenoord por la Champions (el City ganaba 3-0 de local y se lo empataron al final).
La temporada actual ya la encaró con la certeza de que sí iba a ser la última pese a que el contrato vencía en el 2027. Khaldoon le había pedido, en aquella reunión clave, que se quedara «al menos diez años» por lo que ese deseo ya iba a estar cumplido, al igual que el logro de la Champions. Esta 2025/26 fue la de su evolución como DT. Se vio al Guardiola menos posicional de todos bajo la influencia de su colaborador Pepijn Lijnders, ex mano derecha de Jurgen Klopp y especialista en un juego más directo. Dejó, como lo hizo en varias ocasiones a lo largo de su carrera, un masterclass táctico ante el Arsenal, campeón de la Premier, en la final de la Copa de la Liga. Un baile del maestro al alumno. Fue su título N°19 en 10 años. Llegaría, la semana pasada, el N°20, el último, al ganarle al Chelsea la final de la FA Cup. Su título personal N°41 en 17 años de carrera en Primera (sólo lo supera Alex Ferguson con 49 pero en 39 temporadas). Un dato destacable: todos los logros fueron con su estilo, con su famosa filosofía de juego que fue copiada en el mundo entero. Como para derribar la frase de aquellos agoreros que le dieron una sarcástica bienvenida a la Premier diez años antes: «Pep deberá adaptarse al estilo del fútbol inglés». Las pruebas confirman lo contrario: fue el fútbol inglés el que terminó adaptándose al estilo de Pep.
Lo que viene
¿Y ahora? ¿Qué será de la vida de Guardiola alejado del City? El hombre nacido en Santpedor ya lo tiene decidido: se viene un año sabático, lejos del fútbol. Lo hará por segunda vez en su carrera. La misma decisión tomó a mediados del 2012 cuando le puso un punto final a su ciclo de cuatro años en el Barcelona. Aquella vez había elegido la ciudad de Nueva York para alejarse del ruido mediático y de la pelota. En ese entonces se fue junto con toda su familia. Allí aprovechó para perfeccionar el idioma inglés, reunirse con celebrities del deporte (como Garry Kasparov, ex N°1 de ajedrez) o del espectáculo (como Woody Allen) y ya en los últimos meses para estudiar alemán ante la propuesta que había aceptado del Bayern Munich. Propuesta que recibió poco antes que la del City. Sí, lo que muchos no saben es que el club inglés lo fue a buscar para su ambicioso proyecto, pero llegó tarde. Tuvo que esperar tres años, lo que duró la estadía de Pep en Alemania, para ahí sí poder contratarlo.
Si la guerra en Oriente Medio llega definitivamente a su fin, entonces Pep seguramente se mudará a la mansión que mandó a construir hace unos meses en Abu Dhabi, capital de Emiratos Árabes. Desde allí, además de ver por TV al City de su ex ayudante Enzo Maresca (le consultaron a Guardiola si lo veía como su sucesor y él le dio su venia), imagina viajar seguido a distintos destinos para convertirse en un espectador más de eventos deportivos. Hay tres citas ya anotadas en su infaltable libreta: el máster de golf de Augusta, las finales de la NBA y un Boca-River en La Bombonera (ya vio uno en vivo, en su primera visita a la Argentina en el 2006, pero había sido en el Monumental). Básicamente, planea vivir más la vida. Y recuperar parte de lo que le quitó su profesión. Se lo verá en algún recital con su hija Maria, como cuando fueron juntos a ver a Oasis, o jugando al golf con amigos, su hobby predilecto.
¿Y después? Su próximo reto futbolístico será seguramente dirigir una selección. Una cuenta pendiente que tiene, un gusto que quiere darse. Los que lo conocen lo ven como DT en el Mundial 2030. ¿España? Prácticamente imposible por su ferviente simpatía por la causa independentista catalana. ¿Italia? Frío. ¿Inglaterra o Brasil? Según cómo les vaya en esta próxima Copa del Mundo, podrían llegar a volver a interesarse por los servicios de este hombre de 55 años al que seguramente no le faltarán propuestas de ningún tipo.
Pero ya habrá tiempo para que analice eso. Hoy toca recluirse en los cuarteles de invierno a la espera de reponer energías, disfrutar de la vida sin la pelota y que, luego de eso, la adrenalina que le genera el fútbol vuelva a tocar sus fibras más íntimas para que se rasque nuevamente la cabeza con énfasis, señal de que alguna buena idea está por surgir. Mientras, descansará con la conciencia tranquila y la satisfacción del deber cumplido. Como dijo luego de aquella Champions ganada, y visto estos diez años que quedarán en la historia del City y del fútbol, ya está, el trabajo está hecho Pep.






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