Del suspenso a la tranquilidad en Alabama, sede en la que Argentina disputará su último partido preparatorio para la Copa del Mundo: a cuatro horas del arranque del amistoso ante Islandia, una tormenta eléctrica azotó a Auburn y dejó postales que preocuparon en la víspera de la última presentación de la Selección antes del debut ante Argelia. Temores que se fueron disipando conforme se atenuaron las lluvias y el campo comenzó a drenar.
El temporal fue fuerte: generó que se acumulara mucha agua en el campo de juego. Y si bien la facilidad que ofrece el terreno permitió que superficialmente drenara, más de una decena de trabajadores tuvieron que ingresar a hacer tareas artesanales con secadores y máquinas para contribuir con el secado del terreno. Que estará pesado, aunque sin tanta agua como se temía en el pico de la tormenta. Tanto es así que mientras los primeros hinchas empezaban a ubicarse en sus asientos, el cielo empezaba a clarear de a poco.
No obstante, en la previa hubo preocupación. No habían dado las 4 PM en Auburn cuando en el cielo encapotado comenzaron a observarse relámpagos. Instantáneamente, la pantalla king size de un Jordan-Hare Stadium todavía despoblado marcó que había presencia de actividad eléctrica en la zona e indicaba resguardarse, tomar precauciones. Minutos más tarde, la amenaza se concretó. Y comenzó el diluvio que saturó el drenaje de distintas zonas del campo de juego y caída de agua en efecto cascada por las gradas.
No obstante, con el paso de las horas el terreno mejoró. Tanto es así que mientras se testeaba el sonido con los Himnos, en la pantalla ya no lucía el cartel de precaución sino que flameaban las banderas digitalizadas de Argentina e Islandia.
La estricta normativa ante rayos
Más allá del drenaje, en los Estados Unidos se debe atender otro tópico: las tormentas eléctricas. La normativa vigente para eventos deportivos al aire libre establece un protocolo estricto ante la detección de actividad eléctrica: un partido debe interrumpirse automáticamente cuando los sistemas de radar detectan la caída de un rayo dentro de un radio de 13 kilómetros alrededor del recinto deportivo. La decisión no queda sujeta a la evaluación de los árbitros ni de los organizadores: la suspensión preventiva es obligatoria. El ejemplo más claro se vivió en el Mundial de Clubes.
Una vez activada la alerta meteorológica, se pone en marcha un procedimiento de emergencia que contempla varias medidas inmediatas: jugadores, árbitros y cuerpos técnicos deben abandonar el campo de juego y trasladarse a los vestuarios. Paralelamente, las autoridades ordenan el desalojo preventivo de las tribunas para que los espectadores se dirijan a sectores cubiertos y considerados seguros dentro de las instalaciones.
El aspecto que suele provocar mayores demoras está relacionado con el sistema de espera obligatorio. La reglamentación estadounidense exige que transcurran al menos 30 minutos sin actividad eléctrica antes de autorizar el regreso a la cancha y la reanudación del espectáculo. Aunque el conteo es acumulativo. Cada vez que los radares registran una nueva descarga eléctrica dentro del perímetro de 13 kilómetros, el reloj vuelve a cero y comienza nuevamente el plazo de 30 minutos de espera.





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