La Comisión de Árbitros de la FIFA, que preside el italiano Pierluigi Collina, fue consecuente en sus primeras designaciones del Mundial con el alto concepto que tiene del arbitraje brasileño y argentino. Para la inauguración en México, designó a Wilton Sampaio, con colaboradores de su país y de Paraguay, Colombia y Chile. Para el partido inicial en Canadá, nombró al argentino Facundo Tello.
En copas anteriores, la designación para el primer partido llevaba implícito un mensaje a los demás referís del plantel: así es como queremos que se dirija en el torneo. Y Sampaio, que va por su segundo Mundial y lo solemos ver como un menos que discretito juez en los partidos de copas y eliminatorias de Conmebol, dio algunos indicios de cómo es el referato que vamos a ver.
En los primeros partidos, los árbitros actúan con una severidad casi extrema: todavía les resuenan en la cabeza las múltiples jugadas que les pasaron los instructores en la previa, con las consignas dxe «¡yellow card!» y «¡red card!» como un martillo. Como la fase de grupos es la que determina cuáles son los que después seguirán en el torneo y cuáles los que se volverán a sus casas, y ninguno se quiere volver, podremos ver fallos más inflexibles que a medida que avance el torneo.
Amarillas y rojas
Sampaio fue bastante «sudamericano» con las amarillas (sacó solo tres), tolerante, pero aplicó la roja directa a tres jugadores, récord en un partido inaugural de una Copa del Mundo.
La primera roja, para Sithole, es de poca discusión: a poco de comenzado el segundo tiempo, Gutiérrez se iba al mano a mano con el arquero y recortó la carrera por delante de donde lo perseguía el sudafricano que, justo antes de entrar al área, no pudo evitar atropellarlo.
En rápida combinación visual con el asistente Boschilia (que ya había habilitado bien la escapada de Gutiérrez solo), confirmó que la falta fue fuera del área y expulsó a Sithole por interrumpir una ocasión manifiesta de gol (OMG).
Las dos siguientes son más discutibles: a los 81′, el sudafricano Zwane se acomodaba sin pelota en un ataque, se cruza en su camino con el cuerpo de Alvarado y lanza un manotazo para apartarlo. El árbitro está cerca, pero con la atención sobre la pelota. Entonces lo llama el colombiano Gallo desde el VAR, y al mostrarle de entrada la foto de la mano de Zwane sobre la cara de Alvarado, lo induce a interpretar eso como una agresión de expulsión.
Más que un golpe, parece un manotazo para sacárselo del camino. Pero aquí otro detalle de cómo parece que se va a dirigir en este torneo: el VAR parece haber dejado de ser un asistente del árbitro principal, y los llamados desde la cabina suenan a una especie de «línea de órdenes» de la organización. A Sampaio le muestran la jugada en pantalla (OFR, on field review) y rápidamente decide echar a Zwane. Ojo con eso: llama VAR, sonaste.
Tercer expulsado y récord
La expulsión del defensor local Montes, ya en descuento, también es una acción en la que sin el ojo del Gran Hermano encima, probablemente se arreglaba con una amarilla. Mudau se le iba por afuera rumbo al área y Montes lo trancó, fue a derribarlo directamente sin ir a la pelota. Más espectacular que violenta, la falta derivó en una roja directa que Sampaio tardó algo en decidir.
Primero llevó la mano al bolsillo de atrás y luego cambió por el del pecho. Por el gesto que hizo, como que el jugador enfilaba hacia el arco, también sería roja no por «fuerza excesiva» en la falta sino por OMG. Esto es, aunque la gambeta es ligeramente hacia el costado, entiende el juez que era un mano a mano con el arquero. De interpretación, optó por la lectura más severa. Es defendible.
Por lo demás, no se vio juego sucio ni demoras intencionales, los cambios se hicieron rápido, no se tardó en laterales o saques de arco como para ver cómo se controlaban las nuevas directivas, no se vieron protestas masivas. De momento, lo que sí se vio es cómo aplicó este árbitro el celoso instructivo recibido. Atentos entonces: en el comienzo, los árbitros dirigirán en defensa propia: con severidad, para que no los manden de vuelta.



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