¿Qué es Messi? Saber quién es Lionel Messi es fácil: alcanza con googlearlo. Qué es Messi es más difícil. Mucho más complicado de abordar para el análisis incluso de sus compañeros. Rodrigo De Paul coincidió en 72 partidos con Leo compartiendo la Selección. Otros 34 los jugaron juntos en Inter Miami. Y después de casi ocho años coincidiendo en viajes, concentraciones y partidos, el Motorcito se sigue conmoviendo de Leo cuando se convierte en Messi.
Por eso, cuando Olé le pregunta a De Paul si la decisión de hacerle un upa volador a Messi en pleno Atlanta Stadium, en modo casamiento, después del estresante 3-2 frente a Egipto, el volante de 32 años prefiere abordar conceptualmente al hombre mito, al de los 21 goles en Mundiales, al goleador con ocho de esta misma edición superándose a sí mismo en una Copa del Mundo. El dueño de los récords de los récords. Amén.
“Surgió, ¿viste? Sobre todo porque -más allá de lo que hace con la pelota, que ya lleva más goles que partidos– Lionel nos toca fibras muy profundas en las que nos contagia un montón”.
De Paul detiene la marcha de su respuesta, acaricia la estampita que le acerca la periodista Manuela Moretta, sonríe. Son segundos. Piensa y retoma como para construir con la mayor exactitud la definición filosófica y no enciclopédica de lo que significa el #10 en la vida de un plantel que lo arropó después de Rusia, que lo sintió uno más, el que los rescató como superhéroe tantísimas veces, al que acompañaron jugando cuando Leo sintió el cimbronazo del penal fallado.
“En esfuerzo, en ganas, en personalidad… (Messi) es el primero para todo y creo que es una forma más de agradecimiento hacia él que otra vez nos lleva a jugar unos cuartos de final de un Mundial”.
Y sí. De Paul lo admite: en términos algebraicos, la influencia de Messi en la ecuación es tal que quitándolo de la fórmula todo habría sido distinto. Siempre. Incluso cuando la dependencia era menor a la de este 2026 en el que, por caso, ha encontrado en Leo una respuesta exitosa. Resiliente, valiente. Con la rabia entre los dientes como para empujar para dar vuelta en 13 minutos un 0-2 en octavos de final.
“La leyenda ya no tiene más para decir. Pero todo lo que viene ahora es para él. El fútbol le debe todos estos momentos: ante Egipto hizo ese gol que nos vuelve a meter en cuartos porque si no estaba él hubiera sido más difícil”.
Lo dice Rodrigo. Podría haberlo admitido Julián Álvarez, Leandro Paredes o un Lionel Scaloni que ya no halla palabras para definir a Leo, aunque sí es enfático al reconocer las dificultades que se le presentan al intentar explicar lo que genera el #10 cuando irrumpe en un salón, en un vestuario, en una cancha.
De Paul se queda, por caso, con el disfrute de un momento único: la contemporaneidad con un fenómeno al que reverencian de a miles. O de a millones. “Es un placer poder compartir con él todos los días y ojalá podamos seguir viviendo este tipo de momentos. Todo tiene un final pero esperemos que falte. Lo queremos y como se ve en esta Copa del Mundo lo necesitamos (…) Nos ilusiona, nos motiva. Es una locura todo lo que se vive. Se sufrió un montón pero se disfruta también mucho. Son muchas emociones que no son fácil para procesar en un cuerpo, en una cabeza», asume RDP. Sorprendido, todavía. Asimilando lo que pasó. Lo que vendrá. Intentando caer en la cuenta de que Messi, por fútbol, por aura, sigue siendo inexplicable.



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