Ezeiza espera a la Selección subcampeona del mundo y que es motivo de orgullo de todo el país, pero no es solamente uno de los epicentros futbolísticos de la semana por eso: en el Camp, a cinco kilómetros del predio Lionel Messi, comenzará la necesaria lavada de cara que deberá darle Eduardo Coudet a su River luego del mazazo sufrido el viernes contra Aldosivi por la Copa Argentina.
Porque si bien el Mundial se viene llevando todas las miradas, la realidad indica que ya el sábado el equipo del Chacho volverá a salir a la cancha en el inicio del Clausura, contra Barracas, en un Monumental que estará repleto de dudas. No solo por el resultado contra Aldosivi, sino principalmente por el preocupante nivel colectivo e individual en el preámbulo de un semestre en el que River se juega la chance de festejar un título en la Sudamericana o el torneo local y el pasaje a la Libertadores 2027.
El entrenador fue contundente con su autocrítica al calificar la derrota por 3-1 en los 16vos de la Copa Argentina como “un papelón”. Aunque las palabras de Coudet no alcanzan para conformar a los hinchas que vienen sufriendo un golpe tras otro desde hace tres años y notan que la ilusión de que River vuelva a ser River en esta segunda mitad de año se acercan más a un sueño que a una posibilidad real. Porque en lugar de haber señales de reconstrucción en el equipo, hay indicios de que el camino de reconstrucción se presenta por demás complejo.
Tras la dura derrota ante Aldosivi, el Chacho se refirió a los borrados del plantel para este nuevo semestre.
Los refuerzos como los uruguayos Giovanni González y Arambarri asoman como historia repetida en esos puestos, los regresos de Rafael Borré y Lucas Beltrán aún son más prometedores que figuras de buen presente y los futbolistas que compitieron en el Mundial se reintegrarán al plantel con sus físicos y sus mentes en receso.
En este contexto, los jugadores borrados por la dirigencia (como aclaró el Chacho el viernes tras la derrota en Salta) empiezan a tener un peso tácito sobre las espaldas de los directivos. Y también del entrenador, claro, porque avaló esa decisión.
De esta manera, Coudet es consciente de que a partir de la práctica de este lunes a la mañana necesitará cambiar el chip del plantel en forma inmediata y obtener una reacción positiva el sábado en Núñez para que el tropezón ante Aldosivi quede archivado meramente como un mal arranque accidental en el semestre.
El trabajo de pretemporada en Alicante, la profunda limpieza en el plantel y la ilusión de contar con un equipo de categoría ahora quedaron sujetos a lo que ocurra frente a Barracas. Porque el renovado River de Coudet dio el primer paso de esta etapa a los tumbos y debe dar un paso firme para volver a empezar.
La eliminación de River en la Copa Argentina

Mirá también




Más noticias
Italia busca DT: ¿Guardiola? Lo fueron a ver pero difícil que acepte
De Paul: del "dolor más grande" al palazo contra los detractores de la Selección en el exterior
Uno de Messi vs. Argelia y el de Julián Álvarez vs. Suiza: los doce mejores goles del Mundial