Pedro Troglio mira a los ojos para hablar. ¿Cuánta gente hace esto hoy en día? Parece ser un bien escaso. Ya lo dijo Al Pacino en Scarface: » The eyes, chico. They never lie” (los ojos, chico. Ellos nunca mienten»). El entrenador de Banfield acomoda su gorrito, baja un poco el largo de sus joggings verdes y, aunque todavía se asoman las medias y el blindaje al frío no es total, se sienta relajado al sol en el predio de entrenamiento en Luis Guillón predispuesto para dialogar con Olé.
El ex jugador de la Selección Argentina, finalista en el Mundial de Italia 90, no pone reparos a la hora de abordar temas . Desde la diferencia entre los salarios de su época con los actuales hasta los pagos adeudados en el club que dirige. Es fresco, la risa asoma fácilmente y se permite llorar a la hora de recordar. Pedro Troglio debe ser uno de los Hombres Sensibles de Flores, como alguna vez los llamó Alejandro Dolina. Es ese que contó varias veces la divertida anécdota jugando a la Nintendo con el Pájaro Caniggia en la concentración de la Selección, pero también es el mismo que el 2 de julio de 1974, con 9 años y en medio de una lluvia expulsante, hizo aquella emblemática fila sin fin para despedir al cuerpo de Juan Domingo Perón en el Congreso de la Nación.
De chico su papá le acomodaba tres ladrillos que funcionaban como asiento y se quedaba un largo rato observando cómo prendía el fuego para el asado, en tiempos en los que los chorizos se escapaban por las rendijas rebeldes de la parrilla improvisada. “Mis viejos fallecieron, pero su casa la compraron con un Plan Evita. La terminé de pagar yo con la primera plata que agarré cuando jugaba en River. Era imposible comprar una casa para una familia como la nuestra. Perón algo al menos te daba. Yo me crié viendo a mi vieja llorar, me inculcaron eso. Y hoy de última hasta si no tengo esa fuerza para defender ideas, las defiendo por ellos. Es como que así los mantengo vivos”, cuenta con los pies en el pasto y el corazón en el recuerdo.
Estamos hablando del mismo que cuando trabajaba de cadete en una empresa de viajes escuchó a Ricardo Arjona cantando en la calle Florida y decidió seguirle la carrera y jamás soltarle la mano. Cosas propias de la lealtad. “El fútbol gana terreno en los Estados Unidos. Quieren cambiar la estructura pa’ que tenga sentido. Hay que agrandar las porterías y ocho tiempos fuera pa’ vendernos porquerías”, escribió en el 96 el cantante guatemalteco sin saber que estaba vaticinando un poco lo que llegaría 30 años después y que el ex DT de Gimnasia, Independiente, San Lorenzo, Cerro Porteño, Olimpia – entre otros- coincidiría con su análisis.
Troglio aprendió desde muy temprano a respetar las emociones del hincha y tal vez por eso es que cuando se menciona su nombre lo primero que sale de quien lo escucha es alguna señal de aprobación. “Nosotros manejamos la pasión de mucha gente, hay muchos que no comen a la noche cuando su equipo pierde. De bronca, de tristeza. Entonces, uno trata de no mostrarse, como les digo a los jugadores: «Papi, no vayas a los boliches, no te hagas ver», pero por una cuestión de respeto nada más”, explica al hablar del recital de Ricardo Arjona al que pudo ir solamente porque aquel fin de semana el Taladro había ganado ante Barracas Central.
-¿Te gustó ver este Mundial?
-A ver, a mí el Mundial me gusta porque en definitiva es un poquito la realidad de lo que se vive hoy en el fútbol, la paridad. El tema de la tecnología, la nutrición… hizo que físicamente los equipos estén parejos todos y eso hace que los partidos sean un poquito más complicados. Antes vos enfrentabas a equipos que estaban a años luz en la preparación entonces hacías diez goles. Hoy no pasa.
-¿Cómo te llevaste con la pausa de hidratación?
– La veo muy mal porque me parece que es comercial, puramente comercial. Ahora, si vos me preguntás como entrenador y voy ganando, me encanta la pausa porque descanso. Les hablo a los jugadores, los jugadores me pueden escuchar, no hay otro momento en el que me puedan escuchar así.
-Es terrible porque capaz que estás dominando, lo tenés ahí y te paran tres minutos que nunca se recuperan. Somos injustos porque depende de la situación si nos sirve o no nos sirve. Ahora, si vos me preguntás hoy, ante una eventual posibilidad acá en Argentina, yo la pausa de hidratación en verano con 40 grados la veo bien, después la veo mal totalmente.
-¿Te hubiese gustado vivirla como jugador?
– Si voy ganando sí, pero si voy perdiendo no. Yo veo que es todo comercial. De hecho antes era imposible que en un partido te vayas a las publicidades. El primer partido pensé que había terminado el primer tiempo y en realidad era la pausa de hidratación.
-¿Y con las publicidades de inteligencia artificial? ¿Qué te pasa?
– Ver a Diego hablando, es difícil. Choca, ¿no? No sé si la persona en vida estaría haciéndolo. ¿Qué hubiera pensado? Pero estás hablando con un tipo de 60 años que ni siquiera tenía teléfono. Tenía televisor blanco y negro y con cuatro canales. Entonces, es claro que esto es un avance terrible que no sé qué más vendrá después. Me alegro nada más de haberlo vivido, pero yo viví con tan poco que hoy tanto es como que me sobrepasa.
-¿Qué selecciones te gustaron?
-Las que más me gustaron fueron las que llegaron a la etapa final, después sí. Un poco de Noruega, Estados Unidos, Suiza, Colombia, pero los cuatro equipos que pensamos que iban a estar ahí. Estuvieron ahí.
-¿Y de lo que pasó con Bielsa y Uruguay?
-Uruguay no fue desde el lugar de candidato. No es una de las selecciones de otra época como cuando estaban Suárez, Forlán…Tampoco hizo las cosas tan mal para no poder clasificar.
El entrenador de Banfield analizó el fútbol actual, su vínculo con Maradona, el Mundial y abrió el arcón de los recuerdos en una charla exclusiva.
-¿Qué opinás de lo que gira alrededor? El vínculo Bielsa-jugadores, contamelo desde el lado de jugador y de entrenador.
-Primero del lado de jugador. Es imposible que un grupo de jugadores le haga una cama a un técnico en un Mundial para que se vaya. Es imposible, porque también se les pasa su hora, esto es cada cuatro años. Después podés decirme que hay un buen o mal clima y eso pasa en todos los trabajos. En cuanto a la manera de conducir de Bielsa todos la conocemos. Es una exigencia constante y no todos los jugadores están capacitados para aguantarla. Bilardo era un poco así. No podías estar con los brazos cruzados, sentarte en la pelota, tener la mano en los bolsillos…
-¿Y a vos qué te generaba ese modo?
-A mí me generaba una situación de ahogo porque por momentos me acordaba que tenía las manos en los bolsillos y las sacaba. Pero ese tipo me citó a la Selección y yo lo amo, ¿qué me importa si me volvía loco? A mí me criaron de esa manera, para nosotros era normal. Hoy los gritos, los tratos, cambiaron mucho. Algunos tratamos de aggiornarnos, otros siguen de la misma manera. Yo tengo seis hijos, de todas las edades, el más chico tiene 11 y la más grande 37, entonces con ellos aprendo de todo.
-¿Con qué te quedas de esta Selección?
-Con la fuerza de voluntad y corazón. Fue una Selección que lamentablemente debe haber sido de las más complicadas en cuanto a lesiones previo al Mundial. Paredes y Julián tuvieron serias lesiones y se acomodaron durante el Mundial, es normal que sobre el final se haya resentido todo. Perdiste a los dos centraless, Tagliafico terminó entre algodones, lo mismo que Montiel y Molina…pero en la elección primaria terminó siendo bueno porque llegaron a la final.
-¿Qué te pasó con el recibimiento?
-A mi me pasó esto cuando todavía las redes sociales no existían y no había tanta exposición, pero fue una locura. Nosotros habíamos perdido la final del Mundial 90 y estabamos destruidos, hasta que llegamos al país. Tardamos seis horas en llegar a la Casa Rosada y recién ahí pudimos darnos cuenta que habíamos hecho algo importante por el país.
ITALIA 90: DE LA NINTENDO CON CANIGGIA A LA CASA ROSADA Y LOS DISCURSOS DE PERÓN
-¿Qué aprendiste de Bilardo?
-Me enseñó a mirar los conceptos tácticos. Yo hago el gol a Rusia porque él decía que cuando Maradona estaba en un costado, aunque pareciera imposible, había que ir al área porque Diego sí o sí iba a sacar el centro. La jugada previa al gol mío, Diego sacó un centro imposible. Yo no había ido al área, estaba en la puerta del área y no me metí. Y dije, ahora en el vestuario me matan. La jugada siguiente el que desbordó fue Olarticoechea. Me metí al área, me cayó e hice el gol.
-Contaste muchas veces la anécdota de la Nintendo que compraron con el Pájaro Caniggia y que Bilardo los encontró jugando, ¿hoy no le sacás la Play a los jugadores de ninguna manera, no?
-Eso es parte de ellos ya, es como que la Play va incorporada al cuerpo. Antes nosotros sacábamos el aparato y jugábamos y era una novedad.
– La compraron a medias encima, ¿no?
– Nosotros llegamos a la selección muy jóvenes, en aquella época vos no ganabas mal pero no es que estábamos salvados. Cuando estaba en River, siendo jugador de la Selección, a plata de hoy, ponele, yo ganaba 5 millones de pesos. Me fui a jugar a Italia y pasé a ganar 30 millones. La diferencia era terrible. Después me fui a la Lazio y pasé a ganar 50. Era una locura. Pero bueno, hoy la Play está instalada, como el tema de las apuestas. Hay que tener cuidado porque desconocen mucho.
-¿Y vos intentás que dejen el teléfono?
-Nah, ni lo intento. Una vez lo intenté con mis hijos. Los llamaba y no me atendían, recién a la media hora aparecieron. “Dejá, si tuve un ataque cardíaco ya me salvó alguien más”, les dije. Después me fui dando cuenta de que yo hago lo mismo con el teléfono. En menos de un minuto estoy mirando si me llegó un mensaje. En la comida, el almuerzo o en una charla ahí los jugadores no lo usan y hay multa. Igual tiene su parte positiva, yo no sé cómo hacía mi vieja que me dejaba ir y yo volvía a la noche y ella ni sabía dónde estuve, yo con mis hijos todo el tiempo estoy hablando.
-Y eso de Bilardo de aparecer en cualquier horario de la noche, ¿lo aplicás?
-Eso no lo hago, pero era terrible. Era ¡bum! Se abría la puerta. Entonces a partir de ahí vos reaccionabas. Como esa vez que entró a la habitación y yo tiré el joystick. Al otro día nos dio la caja con todos los videos de Camerún y el único que los fue a ver fui yo. Pasaban Diego y Cani y se me reían, me hacían gestos como que era un mamadera. Pero claro, ellos porque jugaban, yo no era como ellos dos… tenía que remarla, ja.
-Otra de las anécdotas conocidas es cuando lo mandó a Diego a que vaya a la habitación porque ustedes estaban fumando. ¿Cómo ves el vínculo de los jugadores hoy con el pucho?
-Hoy los jugadores… Debe haber alguno que fuma, pero se cuidan mucho más que antes. En mi época comer un huevo a la mañana era una locura, nosotros comíamos una medialuna. Hoy el huevito, la nuez… pero yo no fumaba. Es el día de hoy que no sé fumar, pero eran dos meses en una habitación y nos aburríamos. Agarré un cigarrillo e hice una humareda terrible. Claudio no, se iba a la ventana. Eran piezas que hoy un plantel ni loco va. Hay una foto que estamos Claudio y yo, tirados en cada camita, eran de las chiquititas. Hoy es otra cosa. Nosotros por ejemplo no viajábamos en Primera Clase. Cuando veníamos con la Selección, viajábamos en turista.
-También dijiste que hubo algo reparador en ir a la Casa Rosada después de perder la final del 90 y que te emocionaba estar ahí porque te recordaba a los discursos de Perón que te hacían escuchar de chiquito… hay un acto político en decidir ir a la Casa Rosada, ¿no?
-Es que para mí es una equivocación todo lo que está pasando con el tema de la política. Yo no hago a un buen actor o un buen jugador malo porque tiene un discurso político distinto al mío. Acá si Messi va a ver a Trump, Messi no sirve para nada. Si Maradona apoyaba otra causa, Maradona es una porquería y buscamos lo peor para matarlo, ya muerto. Para mí era un orgullo ir a la Casa Rosada, porque era la Casa Rosada. Si hubiera estado Menem, Alfonsín o Milei… Es por la gente que está abajo alentando que son peronistas, radicales, de todo hay. Eso no quita que yo soy peronista y que en mi familia se escuchaban los discursos y me emocionaba. Me los ponían en la radio, esa era mi diversión. Hoy es impensado que alguien le ponga un discurso a un pibito. Tengo mi ideología, con quién viví mejor y con quién viví peor. Hay que ir a la Casa Rosada. Ahora estos chicos ( NDR: La Selección en 2022) si no quieren ir, no quieren ir. No pasa nada. Además no hubiesen llegado con toda la gente que había.
-Ahí se juega también a veces qué pretende la gente del ídolo, ¿no? Muchas veces a Messi se lo cuestiona en esa línea comparándolo con el Diego, que se manifestaba mucho más políticamente.
-Bueno, pero Diego, que era un fenómeno, que iba y se peleaba con el Papa, con todo el mundo, también tenés hoy los que lo odian y nadie ya repara lo bueno que hacía. También son otras generaciones. Te vuelvo a repetir, nosotros escuchábamos los discursos de Perón. Yo no creo que Messi ni que nadie les ponga a sus hijos discursos de Milei. Yo mis ideas las expreso, trato de evitar a la gente que está negada, pero eso no me quita la posibilidad de trabajar con alguien que no coincida con mi ideología. El Diego en ese sentido se crió como yo, en una villa, con pobreza y que el único que nos daba algo era Perón. Al menos te daba algo y algo tenías. Si no te daban nada, entonces no tenías nada.
“CREÍAMOS QUE DIEGO ERA INMORTAL, PERO NO”
-¿Te acordás dónde estabas cuando te enteraste que había muerto Diego?
– En la concentración en Honduras. Allá son tres horas menos, así que me levanté y puse un canal nuestro de deportes que daban. Vi el título y me quise morir. Mis hijos justo no estaban. Ellos aman a Messi pero son maradonianos porque yo se los transmití. Estaban en una montaña y no tenían señal así que no pude compartir la tristeza con ellos. A esta edad se te empiezan a ir los padres, los amigos y empiezan a aflorar todos los recuerdos porque uno, cuando los tiene vivos hay cosas que no valora. Ahora cuando se van, empiezan a aflorar todos los recuerdos, lo que viviste. Uno pensaba que era inmortal, pero no lo era.
Pedro Troglio habla de los que ya no están y siente la ausencia como quien pasa su mano por una herida que todavía no cicatrizó. “Me enseñaste de todo excepto a olvidarte”, canta su querido Arjona y este entrenador de 60 años gambetea al olvido de los que ya no están buscando pequeñas artimañas para inmortalizar a los suyos. No usa maquillajes para el dolor, ni oculta las lágrimas que copan sus ojos verdes porque asume el riesgo que conlleva acercarse a los recuerdos. Un fueguito que puede calentar estos días de invierno, pero que también puede hacer arder si se olvida de mantener una distancia prudencial.
-¿Sentís que te quedó algo para decirle?
-No. Era mi ídolo, después fue mi compañero y después mi amigo. Pasé cumpleaños, Navidades, vino al cumpleaños de 15 de mi hija… Lo que sí, nunca me pude quitar esa devoción. Yo compartía Navidad con él y me trataba como a alguien de la familia, me iba y seguía sin poder creer lo que había vivido.
-Algunas vez dijiste que Diego era un hombre con gestos muy lindos
-Sí, claro. Acá todos los que lo matan por los errores que cometió – que nadie quita que no hayan sido así – tienen diez muertos en el placard. Yo me sentaría a hablar de esa manera sólo si estoy muy limpio.
-¿Qué momento atesorás con él?
-El primero. Cuando concentré con la Selección por primera vez me tocó con él y me tomó cariño. Yo tenía 20 años. Me invitó a su casa en Libertador enfrente de la ex Escuela Mecánica de la Armada. La noche anterior yo dudaba si ir o no, mirá si me lo había dicho porque sí. Finalmente fui. Toqué timbre, me abrió y yo no hablaba sentía mucha vergüenza hasta que le dije: “Disculpe, yo estoy quedando como un estúpido porque estoy nervioso” y se cagó de risa. Después me hice amigo de su hermano Hugo. Se murieron los dos encima. Él no aguantó la angustia, pero bueno… acá vamos, seguimos adelante.
EL PRESENTE DEL FÚTBOL ARGENTINO
-¿En qué momento ves al fútbol argentino?
-El tema de los 30 equipos es mucho, pero si sacamos equipos, hay muchos que se pierden. Ya está ahora. Mañana no podés sacar 10 equipos. Los que jugamos no lo padecemos, capaz que los grandes, pero no sé porque juegan también. Se ven situaciones como un Platense, que sale octavo, va de visitante con tres grandes, los elimina y sale campeón. Entonces es un campeonato que te ofrece la posibilidad de soñar.
-¿Con el arbitraje qué te pasa?
-A ver, yo como vivo de esto me encantaría que todas las cosas que pasan y dicen no fueran verdad porque ya sería durísimo. El otro día ponía la tele y escuchaba a Caruso Lombardi que decía: “Banfield, no vayan hoy a jugar”. Y yo ya voy condicionado. Después te toca perder, capaz con una situación rara, y te quedás mal. En el último partido fuimos a jugar con Barracas Central, nos daban por cocinados y terminamos ganando.
-¿Qué opinás de las distintas líneas de entrenadores? Los que se visten de traje y andan con un Ipad en la mano y los que usan jogging y cronómetro.
-Bueno, hay dos maneras. Si yo quiero venderme tendría que ponerme un traje, unos anteojitos, zapatos largos y hablar medio raro. Y es factible que sepa un poquito más de fútbol en la teoría que todos los demás. El tema es que yo vengo de la otra escuela, en la que mis técnicos usaban un pizarrón con una tiza, tenían una libretita, escribían ahí y me mostraban. Igualmente no soy necio. Trato de aggiornarme, compré el GPS, compré el dron, planificamos las computadoras. Ahora, la verdad ponerme un traje para ponerme al costado de la cancha y transpirar como un condenado… dejá. Y si tengo frío me pongo un camperón y listo. El tema de la vestimenta no me hace mejor entrenador ni persona. El tipo que me cagó con los departamentos estaba todo el día en traje y es un garca terrible.
-¿Y con el hincha? ¿Cuál es tu vínculo?
-Pienso que a mí me ven como un tipo genuino, como me muestro. Puedo hacer una joda en un programa deportivo o puedo ponerme a hablar raro. Me parece que me tienen como un tipo simpático. Tal vez piensan que no sé nada de fútbol, pero soy simpático. Después como todo hay gente que te quiere y gente que no. Acá en Banfield me pasa, en Gimnasia también, y hay gente que te ama hoy y mañana te putea.
-¿Cómo está todo en Banfield con los sueldos atrasados?
-Hace un año y pico venimos con el mismo inconveniente. Se trata de seguir avanzando y tratar de solucionarlo. En esa solución hay gente que puede esperar, gente que no, hay despidos… hay que convivir con esa situación y es incómodo. A mí este grupo me ha dado alegrías porque en medio de este inconveniente hemos estado a un gol de clasificar. El club me encanta, es hermoso, está pasando un momento difícil y esperemos que salga adelante.
-¿Te autopercibís laburante?
-Sí, claro. Soy un laburante. Me muero si un día no laburo. Necesito hacerlo…





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