Le llegaron tres veces. Le hicieron tres goles. Y eso, para un arquero de Boca, alcanza para quedar en el centro de la escena. Álvaro Montero tuvo su primera gran noche para el olvido desde que llegó al club y dejó una imagen que preocupa en la previa a la Copa.
Es cierto que la defensa no le dio una mano pero no transmitió nunca seguridad. En el 1-0, Montero quedó a mitad de camino. Pudo haber hecho más. Pero el colombiano empezó a quedar marcado en el segundo gol. Sí, antes hubo otro blooper colectivo pero el uno dudó en salir a cortar un centro que cayó en su área chica y después reaccionó tarde ante un cabezazo que ni siquiera llevaba una potencia extraordinaria. Alcanzó a tocar la pelota. El problema fue que la metió adentro.
Y si esa acción dejó dudas, el 3-0 directamente golpeó su confianza. Alexandre Díaz sacó una vaselina espectacular, pero otra vez Montero llegó a tocar la pelota con sus 2.01 metros y otra vez esa reacción no alcanzó. Como en el segundo tanto, el contacto con el balón no evitó el gol: lo acompañó hasta adentro del arco. Dos imágenes claras para un arquero que fue contratado para dar seguridad.
Boca pagó cuatro millones de dólares. Llegó con cartel, con experiencia y con la responsabilidad de sentar a Brey mientras Marchesín se recupera. El mensaje era claro: un arquero hecho para pelear por todo.
Contra O’Higgins, por la Sudamericana, había mostrado las dos caras de su juego. Una gran atajada y una salida a destiempo que casi termina en gol. Esta vez ya no hubo una salvada para equilibrar la balanza. Todo salió al revés. No dio seguridad, no pesó en el área y cada remate que fue al arco terminó en la red.
Ahora Boca deberá defender en Chile el 1-0 conseguido en la ida para avanzar en la Sudamericana. Y Montero tendrá una obligación inmediata: demostrar que la noche de ayer fue apenas un accidente.

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