julio 27, 2026

Fm Amiga – Hersilia

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Las secuelas que dejó el papelón de Boca con Riestra

Las derrotas dejan secuelas y mucho más, las que rozan el papelón como la de Boca ante Deportivo Riestra, con tres goles en el primer tiempo y uno, con un jugador que agarra el rebote de un córner y corre de área a área rodeado por jugadores xeneizes que lo dejan llegar hasta quedar mano a mano con su arquero. No puede no dejar secuelas. El cachetazo fue tan inesperado como contundente.

Boca dio un paso atrás enorme en el debut del Torneo Clausura. Y lo que parecía una semana para consolidar el crecimiento del equipo terminó transformándose en otra historia de máxima presión. Porque ahora, la revancha del jueves frente a O’Higgins por los playoffs de la Copa Sudamericana pasó a convertirse en una verdadera final.

Hasta este domingo, el ciclo de Rodolfo Arruabarrena venía mostrando señales positivas. El Vasco había comenzado con una victoria ante Sarmiento por la Copa Argentina y luego había conseguido un valioso 1-0 frente a O’Higgins en la Bombonera, un resultado corto pero que dejaba a Boca bien parado para definir la serie en Chile. Sin mostrar un fútbol brillante, el equipo había recuperado cierta solidez y, sobre todo, la sensación de orden que tanto había faltado durante el semestre anterior.

Sin embargo, todo eso se desmoronó en apenas 45 minutos. » Preocupa, es un palo importante, duro, un baño de realidad. El primer responsable soy yo. Hay que seguir insistiendo y mejorando en muchas cosas. Y levantar. Cuando te caés te tenés que levantar lo máximo posible y nosotros en cuatro días tenemos la definición de la Sudamericana», dijo el DT.

Arruabarrena en Boca - Riestra.Arruabarrena en Boca – Riestra.

Los suplentes no estuvieron a la altura: ¿no tiene tanto plantel?

La apuesta de Arruabarrena fue fuerte. Decidió realizar siete cambios respecto del equipo que había jugado por la Copa Sudamericana, con la lógica intención de administrar cargas pensando en la revancha continental. Pero el plan salió exactamente al revés. Boca fue un equipo desordenado, frágil defensivamente, sin reacción y con enormes dificultades para generar juego. Riestra aprovechó cada error y liquidó el partido antes del descanso con tres goles que expusieron todas las falencias del Xeneize.

La imagen fue preocupante porque recordó demasiado al Boca del semestre pasado, ese que terminó dejando más dudas que certezas bajo la conducción de Claudio Ubeda. Un equipo largo, vulnerable, sin intensidad y que perdió rápidamente el control emocional del partido. Lo que se había insinuado como una nueva etapa terminó ofreciendo una preocupante sensación de déjà vu.

«Yo fui claro con los jugadores: el que los pone soy yo, que no saquen», avisó el Vasco, en un claro mensaje para los que no estuvieron a la altura en el Bajo Flores. «Ellos saben, yo fui claro, pero por una derrota o rendimiento malo no voy a dejar de creer en ellos. Los jugadores saben que estamos en Boca y las oportunidades hay que aprovecharlas«, agregó el DT cuando le insistieron por tercera vez si los cambios habían expuesto que no tiene tanto en el plantel.

Los jugadores al dejar la cancha en la visita de Boca a Riestra.Los jugadores al dejar la cancha en la visita de Boca a Riestra.

Más allá de la rotación, el rendimiento individual y colectivo estuvo muy por debajo de lo esperado. Los futbolistas que buscaban aprovechar la oportunidad no respondieron, caso Braida, Di Lollo, Pellegrino, Alarcón y Velasco, y varios titulares que siguieron en el 11 y los que ingresaron en el complemento tampoco lograron cambiar la historia. Boca terminó golpeado desde el resultado, pero también desde la imagen, algo que inevitablemente vuelve a instalar interrogantes que parecían empezar a disiparse.

La revancha se volvió de altísima presión y van apenas tres partidos del ciclo del Vasco

Esta derrota cambia por completo el escenario de cara al jueves. Lo que hasta hace unas horas aparecía como un partido importante para confirmar la clasificación a los octavos de final de la Sudamericana ahora se convirtió en un encuentro de altísima presión. Porque Boca no sólo deberá defender la mínima ventaja conseguida en la Bombonera, sino también demostrar una reacción inmediata después de un golpe que reabrió viejas heridas. «Me preocupa que no sepamos levantarnos de esta derrota, primero y principal», dijo el DT.

Rodolfo Arruabarrena habló en conferencia de prensa y se refirió al ánimo de los jugadores luego de la derrota ante Deportivo Riestra y resaltó que hay que trabajar para corregir los errores – @lucasbenda @gonzalosuli

El margen de error volvió a reducirse al mínimo. Demasiado pronto, después del tercer partido del ciclo. Una clasificación en Rancagua devolvería calma, sostendría el crédito de un ciclo que recién comienza y permitiría seguir construyendo con tiempo y confianza. Pero una eliminación tendría un impacto enorme. Sería otro fracaso internacional para un club que viene acumulando decepciones en los últimos años y un golpe demasiado fuerte para un proceso que apenas dio sus primeros pasos.

Resulta llamativo que Arruabarrena ya tenga que afrontar un partido de semejante trascendencia apenas en sus primeros encuentros al frente del equipo. Nadie imaginaba que el Vasco tendría tan rápido una prueba de este calibre. Pero Boca vive así, acelerado por su propia exigencia. Un triunfo cambia el ánimo y una derrota obliga a rendir examen de inmediato.

«El vestuario era un cementario. Está bien que duela, pero nosotros mañana (por este lunes) tenemos que trabajar para el partido en Chile. No hay tiempo para lamentos, sí para corregir estos errores y que no se repitan», pidió el entrenador.

Por eso, más allá de que el ciclo recién empieza, el jueves aparece como una noche que puede marcar mucho más que una clasificación. Boca se jugará la continuidad de la ilusión, la tranquilidad para trabajar y la posibilidad de demostrar que el papelón frente a Riestra fue apenas un accidente. Del otro lado estará el riesgo de otro golpe que volvería a sacudir los cimientos de un club que necesita, más que nunca, empezar a construir certezas.

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