Luis Vidal tiene una historia imposible de encasillar. Es el presidente de Recoleta de Paraguay, el rival de Boca en los octavos de final de la Copa Sudamericana. Fue futbolista, dejó la carrera para estudiar derecho porque ganaba más como abogado, construyó su patrimonio empresarial y, cuando ya tenía la vida resuelta, volvió a ponerse los botines. Jugó en el ascenso paraguayo, fue campeón como futbolista y presidente junto a sus hijos, marcó goles oficiales con 50 años y hasta batió un récord de longevidad.
Ahora, a los 52, pidió autorización para ser inscripto como refuerzo de Recoleta en los octavos. La solicitud todavía depende de la Asociación Paraguaya de Fútbol, aunque él mismo admite que hoy la posibilidad es remota y asegura que jamás pondría un deseo personal por encima de los intereses del club.
En diálogo con Olé, Vidal repasó una vida atravesada por decisiones poco convencionales, explicó por qué sintió que le quedó pendiente una despedida en una cancha de Primera y contó cómo nació el sueño de jugar una copa internacional.
«El destino fue haciendo que se cumplieran los objetivos»
-El año pasado te diste el gusto de volver a jugar unos minutos en Primera. ¿En algún momento soñaste con hacerlo en un partido internacional? ¿Te hubiera gustado que fuera contra Boca?
-Claro que sí. Mi historia es bastante particular. Jugué al fútbol desde los 13 años en las inferiores de Tacuarí. Después llegué a Sol de América y debuté en Primera en 1994. En ese momento tuve que elegir entre seguir jugando o estudiar porque ganaba mucho más dinero trabajando. Elegí la carrera de abogado. No tenía representantes ni gente que me aconsejara. Por eso hoy quiero que mis hijos puedan hacer las dos cosas. Con el tiempo armé empresas y, cuando ya tenía estabilidad económica, a los 30 años le dije a mi esposa: «Ahora me voy a dedicar a jugar al fútbol». Volví y jugué tres temporadas en Sportivo Luqueño. Más adelante seguí jugando en el ascenso, que siempre fue mi pasión. Cuando tenía 45 años regresé al fútbol porque el club donde había empezado me llamó para jugar la Copa Paraguay. Entré 15 minutos, hice un gol y batí un récord en el fútbol paraguayo.
El mandatario del equipo paraguayo habló sobre la posibilidad de sumarse como refuerzo para lo que queda de la copa.
-Siempre fui centrodelantero. Siendo presidente de Recoleta seguí jugando oficialmente y también convertí goles importantes con Tacuari en el ascenso. Después me llamaron de Recoleta. Al principio no quería porque pensaba que iban a decir que jugaba por ser el presidente. En 2021 empecé a jugar oficialmente, fui campeón de la B junto a mi hijo mayor y campeón de la Intermedia junto a mi otro hijo. Convertí goles a los 50 años en partidos oficiales y levanté las dos copas como jugador y presidente. Mi sueño era retirarme jugando un partido en Primera División. Y siempre decía: «Si algún día llegamos a una Copa Sudamericana o a una competencia internacional, aunque sea quiero jugar 15 o 20 minutos». El destino fue haciendo que se cumplieran los objetivos uno tras otro. El año pasado el técnico me llevó al banco y recién me hizo entrar faltando tres minutos. Quedó la imagen de que había ingresado solamente porque era el presidente y, a partir de ahí, en Paraguay se creó una norma que impide que un dirigente juegue oficialmente. Entonces se terminó esa posibilidad de despedirme como yo quería.
«Ahora el libro volvió a abrirse y solicité nuevamente la posibilidad de inscribirme»
-Después surgió la posibilidad de anotarte como refuerzo para la Copa Sudamericana…
-Cuando me di cuenta de que a nivel Conmebol no existía un impedimento para jugar, intenté inscribirme como refuerzo después de la fase de grupos. Pero el libro de pases ya estaba cerrado y yo ya no pertenecía al registro de jugadores de Recoleta. Ahora el libro volvió a abrirse y solicité nuevamente la posibilidad de inscribirme. Depende de la Asociación Paraguaya de Fútbol.
-Sí, claro. Pero si alguna vez quise hacerlo fue solamente para tener una despedida digna. Primero están los intereses del club, primero están los jugadores y primero está la competencia. No hay ningún deseo personal por encima de eso. Si el año pasado acepté jugar fue porque sentía que estaba en condiciones de disputar 15 o 20 minutos sin desentonar. Muchos podrán decir que estoy loco, pero yo sé cómo me encontraba físicamente.
«Me quedó una espina»
-¿Te quedó la sensación de que en algún momento vas a volver a jugar para despedirte?
-Sí. Me quedó una espina. Mi último partido oficial no fue cuando hice el gol con mi hijo y batí el récord a los 50 años. Tampoco cuando clasifiqué al equipo para la Copa Paraguay o cuando salimos campeones. Fueron apenas tres minutos en Primera. Y quedó instalada la sensación de que había entrado solamente por ser el presidente. Eso sí me dolió mucho. Mucha gente que no me conocía empezó a opinar. Estoy convencido de que, si hubiera jugado 15 o 20 minutos, nadie habría dicho que estaba ahí solamente por ser el presidente.






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