Después de la final histórica que River le ganó a Boca en Madrid, la Copa Libertadores parece algo exclusivo de los brasileños. Es verdad que River casi mete el doblete en el 2019 y que Boca se quedó en la orilla en el 2023, pero los que levantaron el trofeo más deseado en el continente fueron Flamengo (en tres oportunidades), Palmeiras (dos veces), Botafogo y Fluminense.
A los equipos argentinos les cuesta contra el poderío económico de los brasileños, que se arman específicamente para llegar fuertes a las instancias finales, mientras que los de nuestro fútbol parecen desarmar sus planteles casi al mismo momento que aparecen los mata-mata porque en el mercado de junio, en general, se llevan a las principales figuras.
Con todos estos condimentos y antecedentes, ahí está otra vez el bravo Estudiantes. Con su mística y sus cuatro copas levantadas (1968, 1969, 1970 y 2009) que lo ponen entre los top del continente. Pero no es solo una cuestión histórica: el Pincha se armó otra vez, al igual que en el 2025, soñando con arribar a una nueva final. Casi que usó la misma lógica que los brasileños en los mercados: se armó fuerte en enero, fue mutando su plantel y ahora consiguió un refuerzo top, como Joaquín Correa; apostó por Baltasar Rodríguez; sumó a Elías como una rueda de auxilio, y apenas perdió al joven Amondarain (vendido al Bologna), justo en un lugar del campo donde tiene buenas opciones.
Ahí va Estudiantes, con el sueño de estar el 28 de noviembre en el Centenario. Tendrá que batallar con el Flamengo de las estrellas, al que tuvo contra las cuerdas hace un año y perdió por penales. Un Fla que puntea el Brasileirao, pero que a veces muestra debilidades, como cuando Lanús le ganó la Recopa a principios de 2026 y el jueves, cuando estuvo apretado con Independiente del Valle. ¿Podrá el Pincha romper la hegemonía brasileña?





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