Es tan cierto que cualquier lista mundialista genera discrepancias sobre ausencias o presencias, como que Argentina ha dado una convocatoria lógica en términos analíticos. Que se dilató por las contingencias pero que estuvo alineada tanto con cierta visión estratégica de Lionel Scaloni, pero principalmente con su coherencia discursiva.
La coincidencia del 65% entre los convocados para el Mundial 2026 y los del 2022 tuvo sentido. Alcanza con otear las listas de Eliminatorias -y el valor intrínseco de cada uno de esos campeones, con Lionel Messi como ícono y bandera- para comprender por qué. Con una silenciosa renovación: dentro del 35% restante están los que no pudieron disfrutar con rol protagónico en Qatar ( Nico González, Giovani Lo Celso) pero también apellidos de la nueva gama. Con el manual de estilo como justificativo.
El “necesitamos que jueguen en sus clubes” que Scaloni había enviado como mensaje le llegó al grupo. Juan Musso (18 partidos siendo suplente en el Atlético Madrid) se impuso en la cinchada con Walter Benítez, relegado en el Crystal Palace. Leonardo Balerdi, consolidado en el Marsella, fue ungido relevo de Cuti Romero por su nivel en Francia y su roce. Valentín Barco en el Racing galo dio “ese paso que se le pedía”, en términos del propio Scaloni.
Asimismo, Giuliano Simeone garantiza versatilidad y capacidad atlética y se estableció en el Aleti y la Mayor (golazo a Brasil incluido en el dossier). Y a José Manuel López, figura excluyente que se anotó un hat-trick de asistencias en su último partido con Palmeiras, le valoran la jerarquía para adaptarse a un ecosistema al que no todos se acoplaron fácilmente, pero también la versatilidad. Por caso, el llamado a intérpretes multitasking también se priorizó en la proyección estratégica.
Y si bien es cierto que generaron ruido público las ausencias de Marcos Acuña (arriesgó su plaza al esforzarse para ganar el título con River), de Franco Mastantuono (de innegable talento, no jugar en el Real Madrid afectó sus chances) y Emiliano Buendía (figura del Aston Villa campeón de Europa League) parece obedecer más al lamento por lo que hubieran representado que a una decisión objetable.
En definitiva, eso es coherencia.

Más noticias
Los errores y las responsabilidades de Ubeda en el fracaso de Boca en la Copa
El uno por uno de la eliminación de Boca en la Libertadores
Boca ya conoce a su rival de 16avos de la Sudamericana