Saber lo que es jugar en la Selección es una cosa: muchísimos futbolistas han vestido al menos una vez la camiseta de la Argentina y, por ende, conocen el peso de tal responsabilidad. Sin embargo, no muchos son conscientes del valor que tiene una clasificación, a la instancia que fuera, especialmente después de un mata mata tan exigente física y mentalmente como el 3-2 ante Cabo Verde. Rodrigo De Paul es uno de esos casos específicos.
Porque a lo largo de sus 90 partidos en la Mayor bajo la conducción de Lionel Scaloni -es el #1 en presencias con este cuerpo técnico– el volante ha transitado distintos momentos épicos, tensos. En Copas América y en Mundiales.
Es por eso que independientemente de esos errores que Lionel Scaloni deberá trabajar para atenuar, pues ante Marruecos pueden significar un golpe más severo, el Motorcito no dejó de ponderar lo logrado.
Porque si bien esta Selección se ha caracterizado por avanzar en los mata-mata (sólo perdió 1 de 15, ante Brasil en la Copa América 2019) esos éxitos no deben transformar en natural lo que en realidad es algo complicadísimo de lograr.
Eso es lo que De Paul quiso enfatizar. “Cada vez que pasás una fase de una Copa del Mundo hay que festejarlo. Hay que acostumbrarse a clasificar, pero eso no significa que nos tenga que dar lo mismo. Nos genera mucha alegría porque seguimos avanzando hacia el objetivo”, le respondió a Olé.
Lo que viene: Egipto y el sueño Mundial
Con la mirada puesta hacia adelante, ese “pistón” como lo definió Scaloni después del debut ante Argelia también engrana, se ilusiona. Porque quizás entiende que el aprendizaje quedó. Y que hay que proyectar a Atlanta.
“Al final lo más importante era seguir adelante. Son partidos en los que uno sigue y otro se queda. Sabíamos lo que nos esperaba, porque conocíamos al rival y cómo había competido en la fase de grupos. Por suerte lo sacamos adelante y estamos contentos”, valoró siguiendo la misma línea.
Con la mente puesta en Georgia, en el Mercedes-Benz Stadium, en la oportunidad que Argentina tendrá de volver a sortear a un rival africano – el Egipto de Mohamed Salah– para ir por los cuartos de final. Porque el sueño sigue latente.
Aunque eso no significa que Argentina, según De Paul, no deba corregir cosas. “Seguramente sí, pero recién terminado el partido no se puede hacer un análisis. Volveremos a ver el encuentro y el técnico nos marcará los puntos a corregir. Lo bueno es que siempre se puede trabajar mejor cuando se gana”, prefirió reservarse lo que observó como situaciones que tienen que curar para dar el golpe ante los egipcios y quedar en el top 8 del Mundial.
El Motorcito energiza, empuja. Desde el juego, dentro de la cancha, aun cuando no deslumbra, su aura guía. Cuando rompe líneas (16 veces ante los caboverdianos), cuando corre por toda la cancha (8.706,6 metros en el Hard Rock; 27,1 kilómetros en todo el Mundial). Pero también fuera de los límites del campo, su personalidad también tiene esa esencia.
De Paul busca reorientar la cabeza sin que la mente quede anclada sólo en lo que no salió bien. Porque él sabe más que nadie lo que es jugar instancias tan duras. Y eso juega también.




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