“Huracán para mí es todo”. Antonio Mohamed fue uno de los grandes protagonistas de Rincón Stone, el ciclo de entrevistas que lleva adelante Daniel Osvaldo en una producción de Olé y La Canchita. El Turco repasó su historia como jugador y entrenador, recordó sus inicios junto a Dani en el Globo, habló de su paso por Boca, Independiente y México, y contó detalles de su manera de entender el fútbol: el grupo por encima de todo, la alegría como método y una identidad clara para salir a jugar. También se refirió a su deseo de dirigir a la Selección, la espina que le dejó Europa y la posibilidad de, algún día, volver a Huracán como presidente. Una charla imperdible con uno de los técnicos argentinos más ganadores.
—Venís de salir campeón como siempre, en el Toluca. ¿Te acordás de cuándo me tuviste en Huracán?
—Obvio, Dani me puteó mucho en un partido en la cancha de Aldosivi. Él estaba vendido a Italia y yo no lo quise poner.
—“Sos un vigilante, ¿cómo no me vas a poner? Me vienen a ver hoy”.
—¿Sabés cómo estaba la cancha de Aldosivi? A ver si le arruino la carrera a este pibe. Te puse 15 minutos porque vinieron a verte y eran medio picantes. Me puteó a mí, y yo después lo encontré muchas veces y le dije: “Yo no voy a arriesgar al pibe”. No por él, sino porque nos pagaban el sueldo con su venta, jajaj…
—¿Seguís con el estilo de entrenamiento alegre, como hacías con nosotros en Huracán? Yo me acuerdo que era muy lúdico todo.
—Seguimos con el estilo de trabajo de mucha alegría. Obviamente, yo me acuerdo que en esa época tenía una idea táctica revolucionaria. Imaginate que vos te fuiste y llegó una evolución del equipo. El Cordobés, Larrivey, Poggi, hasta que se soltaron. El fútbol en general era tirársela al 9 en esa época. Era un equipo muy técnico. Cuando te fuiste, perdimos la final. Y después, al otro año, ascendimos ganandole bien a Godoy Cruz.
—A vos te gusta ganar con tu sello.
—Llegamos al ascenso con nuestro sello e identidad. Yo con el Cordobés le expliqué todo. Le dije que tenía que jugar 20 metros más adelante porque lo tenían como un picapiedra, pero jugaba espectacular. De hecho, después de eso se lo lleva Estudiantes para reemplazar a Verón. No le fue bien porque se peleaba con todos, viste cómo era.
—¿De ahí te fuiste al Rojo? Te quieren mucho ahí, no solo porque saliste campeón. Yo tengo amigos que te adoran.
—No, me fui a Colón en Primera. Estuve dos años. Con Independiente salimos campeones de la Sudamericana con nada. Cuando llegué a Colón, el equipo estaba casi descendido, fui y nos salvamos del descenso. Una vez salvados, empezamos a construir un equipo. Busco pibes que tengan buena relación con el equipo. Me gustan los cancheros que sean queribles por el grupo. Yo, por encima de todo, pongo el grupo. A mí me gusta el jugador que sea técnico, que tome decisiones y que me desafíe, siempre y cuando tenga un ida y vuelta con respeto.
—No sos un técnico que diga: “Es así o así”.
—No me pasan mucho esas charlas porque es lo que dijiste vos. Porque si vos jugás de delantero, te llegan 200 pelotas. Después depende del delantero. Cuando vas con el conocimiento y te ven que le das información, se va generando el vínculo. ¿Te acordás que practicamos los laterales de cabeza al arquero y salimos jugando? Me pasaba que cuando era jugador… Yo debuté 20 años antes que vos, en 1985. Yo veía que los tipos eran malísimos. Iba a la cancha de Cipolletti y me gritaban: “Marcá al 3, marcá al 4”. Yo quería jugar a la pelota, encararlo, uno contra uno. Después ibas a la cancha de Huracán y te divertías porque les pegabas un baile…
—¿Te acordás de esa época en Huracán, en 2005?
—Un día viene Guggi y me dice: “Turco, tenemos un problema”. Le pregunto si pasó algo con los pibes y me dice: “No tenemos dónde ir. Les debemos a todos los hoteles. Les debemos mucho”. Ese partido hiciste un golazo vos, picándola, con Racing de Córdoba. Ese día puse a todos los pibes: vos, Juancito Sosa…
—Ese día ganamos bien, me acuerdo.
—Estaba Larrivey, estaba Dani, estaba Hernández. Ese terminó con vos adelante. Joaquín apareció a los 20 días en Alemania. Estabas vos fachero, él fachero con los ojos claros. Larrivey apareció y me dice: “Me fui a Alemania por una publicidad”. Mauro Milano y él, con el Cabezón.
—Estamos en el Senior con los chicos de Huracán.
—Me escribió Fede Poggi. Voy a ir a verlos y a comer un asado.
—¿Te imaginabas, cuando jugabas, que ibas a ser entrenador?
—Sí, me lo imaginaba porque tuve una carrera corta. Yo todo lo que hice joven. Debuté en la mayor, tuve una lesión y mi carrera cambió. Me compró la Fiorentina y, cuando yo vuelvo acá… Allá me ofrecen ir al Zaragoza. En ese momento no existía España: era Barcelona, Real Madrid y el Calcio. A mí me compran con Bati y Latorre, los tres juntos. Bati se queda, Diego se vuelve, y yo tuve la chance de quedarme, pero como cuarto delantero. Ahí aparece Boca y me vengo a Boca. Ahí aparece el famoso gol con Huracán.
—Te voy a mostrar algo. Mirá estos dos álbumes: en Boca y en el Rojo. ¿Cuánto valen ahora? Jaja.
—Primero fue Boca y después en Independiente. Me quedo con Mohamed de Boca, porque arranqué con cinco goles en seis partidos. Sucede el partido de Huracán…
El gol errado del Turco ante Huracán
—No te creo que la tiraste afuera a propósito.
—Es mentira, es imposible. El Maestro Tabárez me dice: “Se está hablando esto”. Suceden cosas. Si buscás las imágenes, cuando yo salgo del túnel había cantos en esa época. Estaba Giunta, Navarro Montoya, Simón y yo. Salgo y toda la gente de Huracán empezó: “Turco, Turco”, y la de Boca también. Pasa este momento y la gente de Huracán empezó a cantar: “El Turco los cagó…”. No me ayudaron para nada. Me clavaron los clavos en el ataúd. Cada pelota me chiflaban y Tabárez me sacó, y no jugué más. Yo entrenaba todos los días y no jugaba. Un día me dijeron: “Jugá en Tercera”, y le dije que no. Ahí le agarré el gusto a la joda, cobraba de Boca y de Italia y no jugaba. ¿Qué hacía los fines de semana? Ahí volví a Independiente y no pude cambiar.
—Después te vas a México.
—Tenía para ir a otros equipos de México. Me pagaban mucha plata. Me dicen que es un equipo que recién ascendió. Me puse a entrenar un mes y les pasé el trapo. Estos tipos fueron y le compraron mi pase a la Fiorentina a los siete meses. Yo les decía que no firmaba. El Coco me llevaba a la Selección del 94 porque ganábamos todos los partidos. Yo ya no estaba, yo solo ponía la música, jaja. En Inglaterra, en Wembley, meto los dos centros de gol. El Coco ahí dijo: “No lo sacó más”. Entraba antes en la lista que Ruggeri y Caniggia.
—¿Cómo era el Coco como DT?
—Era como yo. Valoraba el grupo. No era tan cercano, era un padre con la mirada. Muchas veces les digo a mis jugadores que no se pasen de la raya. Si estamos bien en Cancún, no te vayas a República Dominicana. No te pases de la raya. Si un día te tenés que pasar es con comunicación, y ahí está todo bien. Todo se mantiene dentro de la cancha: si rendís, seguís.
—Nosotros en Toluca tenemos una manera de jugar que los chicos están convencidos que vamos a someter al rival, más de local. Movemos la pelota, tac, tac, tac… Recuperamos la pelota, los centrales juegan en mitad de cancha y eso es porque también tenemos un césped mojado y bien cortado, y además tenemos altura. Toluca es el lugar que más altura tiene, alrededor de 2600 metros. Bolivia tiene altura y no marca la diferencia. Tenés que tener un buen equipo. En el Toluca estoy cómodo.
—Monterrey fue muy importante.
—Monterrey es el equipo que más cariño le tengo. Toluca también, en este último año. Yo jugué en Monterrey. Jugué cinco años en Toros Neza y ahí me compra Monterrey, donde jugué tres años. Yo, en el 2000, tenía tendinitis con el tendón rotular. Era operarse o todos los días hacer recuperación, pero no podías hacer fuerza en las piernas. La fui perdiendo. Entonces, ¿qué hacía? Les decía: “Andá para allá, para acá”. Ya era técnico a los 30 años y a los 32 me retiré. A los 33 años fui técnico-jugador en el Zacatepec, un club de la segunda de México. Me sacaba solo, porque quería que el equipo jugara de una manera, pero conmigo no se podía. Le decía al profe que me mande a calentar, para dar indicaciones. Era buenísima.
—Vos siempre fuiste un jugador más, pese a ser el técnico. ¿Lo seguís siendo? ¿Seguís haciendo trampa en el fútbol tenis?
—Vos me agarraste muy joven. Ahora ya no juego más. Desde que te gané no juego más.
—Yo jugaba con vos. ¿Te pensás que soy boludo? La única manera que tenía de ganar era jugar con el técnico. Yo te la dejaba a media altura y vos sacabas unos latigazos… Pero si no se la dejabas perfecta, te liquidaba. ¿Y qué significa Huracán en tu vida?
—Para mí es todo. Me crié y fue mi primer club como DT. Yo vuelvo de afuera tras el fallecimiento de mi viejo. Me cayó la ficha. Porque cuando vos estás afuera, decís: “No vuelvo más”. Es distinto como jugador, porque sabés que te ibas. Pero cuando volvés y ves a los afectos… Me encuentro con mi hermano, con mis hermanas y mis amigos. Les dije que me quedo hasta mitad de año y justo me llamó Huracán. Me llamó Labruna y no conocía nada. Fui a ver el partido ante Tiro Federal y decía: “Lo que tenemos que trabajar con estos pibes…”. La gente se alteraba, era la herencia. Hoy sigue siendo parecido. La gente necesita un campeonato, pero no se consigue de un día para el otro. Es trabajo.
—Vos hasta que ascendiste tuviste dos años para prepararlo.
—Yo chocaba mucho con los dirigentes, porque me decían que tenía que ascender ya. Yo les decía que si potenciábamos a algunos chicos, el club iba a crecer, y me pedían ya. Vos podés traer cinco jugadores de Nacional B. Nosotros enfrentamos grandes equipos contra ustedes, que eran todos pibes. Vos, Migliore, Zellay, Andújar, Ale Alonso, Monzón, Sosa…
Su sueño de ser presidente de Huracán
—¿Volverías a Huracán como DT? ¿Cómo presidente?
—Como entrenador ya no. Ser presidente me gustaría, pero lo miro de reojo en los últimos años. No digo que no. Es un anhelo mío. Veo lo que pasa con Milito, Riquelme, y la ingratitud es pesada. Lo pienso. A Milito, que está hace poco, lo insultan. Cuando entrás a conducir, hay otra. La gente te empieza a mirar diferente porque piensan distinto, pese a que todos deben mirar el club. A mí me decían que fui a robar a Huracán. Yo le daba plata a Guggi para que vaya a comprar al Mercado Central y haya para comer. Hacíamos todo con amor. Ponía videos, teníamos películas en DVD, queríamos concentrar ahí. Había un mexicano que filmaba los entrenamientos y partidos y nosotros se los mostrábamos. Ustedes no se van a acordar porque eran pendejos.
La Selección de Argentina y de México
—¿La Selección te gustaría dirigir?
—Yo podría dirigir México o Argentina. Tuve chances de otras selecciones, pero no me veo cantando otro himno que no sea el argentino. En México llevo media vida y media acá en Argentina. Pero a México le cerré las puertas porque me tenían que elegir para este Mundial, estuve candidateado, me reuní con todos, pero no. Ya estoy en equipos. De los 26 de la lista, dirigí alrededor de 16. A Raúl Jiménez lo hice debutar en el América y lo llamé al Cholo para que lo lleve al Atlético Madrid. Me hubiese gustado, porque conozco mucho el fútbol mexicano. Lo de jugar bien lo saqué de la liga de México. Yo juego con nueve u ocho extranjeros. Tengo un lateral izquierdo y Alexis Vega que van a la selección de México. Después tengo dos uruguayos, tengo a Santi Simón, Paulinho, que es portugués; Franco Romero, que es el 5 que la rompe, y Nico Castro, que lo trajimos del Elche. Yo encontré a Castro, Simón y Romero.
—De Europa te quedó la espina.
—A los DT argentinos en España no nos quieren. Allá es bloque corto, posesión. Cuando llegué al Celta no me dieron tiempo. Yo quería ajustar en lo defensivo. Es un equipo que siempre tiene que jugar bien. Recibían 60 goles, pero me dieron solo 12 fechas. Había un partido con el Getafe, el equipo más sudamericano de Europa, entonces qué se me ocurre hacer: cuando meten dos delanteros para tirar pelotazos, saco un volante y meto un central. En ese momento, me hacen el gol. Sacaron los pañuelos y me tildaron de defensivo. Ahí no la revertís más. Yo no me sentía querido. Yo necesito eso. En Toluca es así. Me quieren. En Boca me sentí querido en el murmullo de la gente, cuando soné esta última vez. Ya va a llegar Boca… Yo en España no me sentía de esa manera.
-Estoy de acuerdo con eso de Boca. En el último tiempo, con respeto a todos los entrenadores que estuvieron, no se viene haciendo…
—Yo creo lo mismo, que hay que hacer carrera para dirigir a Boca. Yo lo dije con Scaloni, que salió bien. Algunos dijeron que había que respaldarlo y salió bien. Yo creo que hice todo, pero ahora apunto a enfrentar al campeón de la Libertadores (en la Copa Intercontinentasl de fin de año), que sé que le vamos a hacer un gran partido, y después el PSG (campeón de Champions). Que, obvio, lo voy a salir a atacar. Con Monterrey tuvimos once tiros contra seis ante el Liverpool. Lo perdimos al 91’ y Alisson fue la figura. Obvio que quería ganar, pero me quedé con eso. Lo único que le pedía a Dios era tener ese partido. Yo quiero tener el arco cerca y vamos a jugarle mano a mano. Yo, si juego con el PSG, voy a salir a jugarle mano a mano. Me gusta Luis Enrique, pero no me gusta que regale la pelota cuando la tira afuera. Es como regalar a tu novia, no la podés regalar, la pelota.
—¿Qué técnicos te gustaban cuando arrancaste?
—Yo comparto muchas cosas de La Volpe. Aprendí mucho de él, me gusta cómo juegan los equipos de Guardiola y Luis Enrique. Me gusta más Luis, porque sus equipos tienen verticalidad.
—Con Luis, en la Roma, jugábamos más a perder la pelota y recuperar rápido.
—Yo en Toluca busco lo mismo, porque muchas veces se me tiran atrás.
—Ahora que nombraste a La Volpe, ¿qué le pasó en Boca?
—Él no tiene empatía con los pibes. Hay un momento cuando llegan esas cosas, es difícil. Yo, en ese momento, estaba en Huracán, nos concentramos a metros de ellos. Yo todas las noches me iba a tomar un café con él y me quedaba con él hablando de fútbol. Me acuerdo que él me hacía una pregunta. Yo tenía a Joaquín Larrivey y Mauro Milano. Él me decía: “Pero, ¿a quién marca el 5 acá en Argentina?”. Y yo le dije: “Viene un 9”. Y él me dijo: “¿Cómo hago yo para que Palacio o Palermo sigan al 5?”. Ahora juego contra todos mano a mano.
—Ahora le tenés que ganar al PSG.
—Primero tenemos que jugar contra el campeón de la Libertadores, a ese le vamos a ganar. Y si jugamos contra el PSG, venís vos allá a ver el partido.



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