Es un (mal) humor inglés. En los últimos días, no hay risas, sarcasmos ni tiempos para chistes en Inglaterra. A 60 años de haber levantado su primero y único Mundial, el sueño de romper la sequía está a tres partidos, pero esa ilusión se mezcla con la preocupación por las adversidades que vienen afectando al equipo de Thomas Tuchel. Entre sanciones, quejas, tocados, un virus rondando y hasta un hombre armado en la concentración, los Tres Leones intentarán volver a rugir en el Hard Rock Stadium (Estadio Miami) ante una entonada Noruega, con Erling Haaland imparable y la sensación de que tienen mucho por ganar y, a esta altura, nada que perder.
“Si no habíamos conseguido clasificar a un Mundial durante 28 años, no podíamos dar por sentado que íbamos a llegar a cuartos de final. Inglaterra tiene más presión”. Con esa frase, Stale Solbakken mandó la pelota hacia el Reino Unido. Los sorprendentes Vikingos vienen de eliminar a Brasil, en el fondo sienten que pueden ganar y seguir remando en Norteamérica si muestran “la mejor versión”, pero pasarle la mochila pesada a Inglaterra es parte de la estrategia del DT de un equipo que juega suelto, con el apoyo de todo un país y con la satisfacción de ya haber logrado su mejor labor en un Mundial.
Tras el esfuerzo que demandó imponerse en la altura del Azteca para eliminar a México y de la bronca por las dos fechas de suspensión a Jarell Quansah tras el antecedente de la sanción que no tuvo que cumplir Folarin Balogun, Tuchel todavía se mantiene inquieto. Porque además de la baja del lateral derecho y de Jordan Henderson que sufrió una insólita fractura, tiene algunos tocados pese a que los tuvo a disposición en la última práctica de este viernes.
Reece James, ausente los últimos partidos por un tema muscular, y Marc Guehi, con molestias en el tendón de la corva, recién ayer pudieron moverse a la par del resto (al menos en los 15′ abiertos a la prensa), mientras que Declan Rice, quien había sido aislado por un fuerte virus estomacal, también fue parte de la práctica pese a que arrastra algunas molestias musculares. Así, aunque no serán bajas, lo que representa una buena noticia para el DT, no llegarán en plenitud a un juego intenso.
Para colmo de males, antes de dejar Kansas, una persona, alterada y entre gritos, ingresó a la concentración con una llave inglesa -literal- y fue detenida por la Policía. ¿Noruega le sumará otro disgusto o Tuchel podrá sonreír?





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