El fútbol constantemente cambia y se reinventa. Con medidas más cuestionadas que otras, en Rumania decidieron implementar una tarjeta nueva a las ya establecidas amarilla (amonestación) y roja (expulsión). La misma es de color negro y no sanciona a los jugadores.
Resulta que la Federación Rumana de Fútbol (FRF), al recibir constantes reclamos al respecto y en un presente de mucha viralización de imágenes, decidió anunciar la denominada ‘black card’, una medida inédita que apunta directamente al comportamiento de los padres y espectadores durante los partidos de fútbol infantil.
El objetivo es simple: combatir los insultos, las amenazas, las peleas y las presiones que muchas veces terminan afectando a los chicos que están dentro de la cancha. Tal como pasa en Argentina y muchos países del mundo, una problemática que busca ser erradicada con una nueva propuesta.
La decisión fue aprobada este viernes 11 de septiembre y se aplicará en las competiciones juveniles comprendidas entre las categorías Sub 7 y Sub 16. La particularidad es que la tarjeta no funciona como una sanción individual para un futbolista: es la señal que utiliza el árbitro para comunicar que el partido queda suspendido definitivamente debido a la conducta inapropiada de los adultos presentes en las tribunas.
El procedimiento tendrá tres pasos. Primero, ante insultos, amenazas o cualquier comportamiento considerado abusivo, el árbitro detendrá momentáneamente el encuentro y les pedirá a los entrenadores que intervengan directamente con sus propios padres y espectadores para que termine la situación.
Si el mal comportamiento continúa, llegará el segundo escalón: suspensión temporal durante diez minutos. Los futbolistas deberán abandonar el campo y dirigirse a los vestuarios mientras los entrenadores vuelven a intentar controlar la situación en las tribunas. Recién después se retomará el partido, siempre y cuando el ambiente se haya calmado.
Y si tampoco alcanza, aparece la nueva protagonista: la tarjeta negra. Si una vez reanudado el encuentro los comportamientos abusivos persisten, el árbitro podrá detenerlo definitivamente, mostrar la cartulina y dar por terminado el partido. En ese caso, el encuentro no podrá volver a comenzar, una medida que busca dejar claro que el espectáculo deja de importar cuando el comportamiento de los adultos termina perjudicando a los chicos.
El antecedente en Rumania
La iniciativa no apareció de la nada. La Federación Rumana ya había endurecido en 2024 sus medidas contra este tipo de conductas, contemplando multas de entre 2.000 y 4.000 euros y suspensiones de licencias de entre uno y tres años.
Ahora, los directivos rumanos decidieron dar un paso más y convertir al árbitro en el encargado de ponerle un límite inmediato a la situación durante el partido, con la ayuda de un elemento contundente como la tarjeta negra para transmitir la finalización del encuentro.
“Los niños no deben ser víctimas de las ambiciones, presiones o frustraciones de los adultos en las gradas”, fue el espíritu con el que la Federación Rumana presentó la medida. Así, Rumania se convirtió en la primera federación en implementar una tarjeta destinada exclusivamente a sancionar el comportamiento de los espectadores.

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