Ante las crecientes quejas de protagonistas por la colección de chapucerías arbitrales poco serias, los gremios que los agrupan publicaron comunicados amenazando con ir a tribunales y respaldando en especial a Andrés Gariano, el que no echó a Mauro Arambarri en Atlético Tucumán-River.
En el audio de aquel VAR nos quieren hacer creer que si un jugador toca primero la pelota, después puede en la continuidad del mismo movimiento aniquilar al rival, o revolearlo violentamente por el aire, que ya no será motivo de tarjeta roja.
Gariano es el mismo que tuvo sus 15 minutos de fama en un escandaloso Barracas-Huracán en el que, no conforme con los fallos que clasificaron al equipo de los Tapia en el lugar que era del Globo, amenazó al DT Frank Kudelka con “romperlo todo”, y lo hizo delante de las cámaras de TV.
Pero ni toneladas de comunicados frenan la indignación, menos con casos como el de este viernes en Santiago del Estero. Cuando se dice que el VAR no es para buscar “hormigas sino elefantes”, este es un ejemplo de manual.
Fernando Espinoza, que viene de una suspensión por payasear en un sorteo, no puede con su genio: llamó por una acción de casi dos minutos y medio antes (tal demora supone un esfuerzo en buscarle el pelo al huevo, repetir y repetir hasta encontrar algo) y en la que ni un solo jugador de Central Córdoba, ni los que estaban más cerca, vio ni reclamó nada.
Cuando el juez principal Pablo Echavarría iba hacia la pantallita, en su cara se veía que ni idea tenía de por qué lo llamaban. Y le pasaban sesgadamente, una y otra vez, en cámara lenta y congelando la imagen cuando la pelota se superpone con el brazo del defensor Nazareno Roselli, de Defensa y Justicia, y parece que la está impulsando.
A velocidad normal, se ve la pelota pegarle en el pie, de ahí le salta al brazo pegado al tronco y recién después el jugador abre el codo, completando el movimiento de cuerpear al rival. En cualquier caso, acá no había ningún error “claro y evidente” que justificara intervención del VAR. Pero Echavarría se dejó convencer.
Para eso se usa el VAR en nuestra liga. Y aunque algunos jueces de campo están empezando a no dejarse dirigir el partido desde Ezeiza (en las últimas fechas, Facundo Tello, Juan Pablo Loustau y Sebastián Zunino), nada indica que esto vaya a cambiar y no sigan arruinando el fútbol, buscando insignificancias u obviando barbaridades, según la cara del cliente.





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