“Siempre hay que hacer un gol más”. Ángel Correa no necesitó levantar demasiado la voz para dejar una frase que hizo ruido. Porque no habló solamente del gol que le anularon ante Racing. Habló de una sensación. De una bronca acumulada. Y lo hizo justo cuando falta una semana para el superclásico, ese partido en el que cada palabra empieza a jugar antes que la pelota.
Angelito había marcado el 2-0, el gol que podía bajar la persiana y transformar un partido apretado en una noche bastante más tranquila. Todo a segundos de que se pitara el entretiempo. Pero apareció la revisión, llegó la anulación y River volvió a quedar caminando por la cornisa con una ventaja mínima. Después, ya con el triunfo consumado, Correa soltó todo.
“¿Cómo vi el gol anulado? Ya parece mucha casualidad: contra nosotros hay que ir siempre al VAR, siempre hay que hacer un gol más”, disparó. Y enseguida explicó de dónde venía su calentura: “Si esa jugada terminaba en gol, iba a ser más tranquilo para nosotros y para el juego. Tuvimos que sufrir cuando íbamos 1-0 y en cualquier jugada te pueden empatar. Un poco es esa la calentura”.
La frase no cayó en el vacío. Porque River ya viene de varias situaciones que alimentan ese fastidio. Ante Sarmiento le habían anulado un gol a Gonzalo Montiel después de revisar una mano de Fausto Vera en el inicio de la acción, en una interpretación que podía considerarse admisible. Contra Belgrano, en cambio, el propio Correa había sufrido otra: gol invalidado por una mano accidental de Francisco Ortega ocurrida unos 50 metros antes del arco rival.
Y frente a Racing hubo otro capítulo. Según contó Correa, la explicación arbitral fue que uno de sus compañeros interfería con Facundo Cambeses. Pero tampoco compró demasiado ese argumento. “Nosotros tratamos de entender a los árbitros, de ayudarlos para que tenga continuidad el juego. Él me decía que un compañero mío tapaba al arquero, pero estaba detrás del punto del penal, no lo molestó tanto. La jugada siguió y cobró eso”, marcó.
Más tarde, Leonardo Ponzio terminó yendo por la misma avenida. Sin meterse de lleno en la polémica arbitral, el técnico planteó una idea muy parecida: River parece obligado a convertir más de una vez para poder respirar, cerrar los partidos y evitar que cualquier jugada cambie el escenario.
Y ahí aparece el condimento que hace todo todavía más fuerte. El próximo partido es Boca-River en la Bombonera. Por eso, la bronca de Correa no queda encerrada en un gol anulado. Sale del Monumental y se mete directo en la semana más sensible del calendario. Porque faltan siete días para el superclásico y la frase ya quedó picando: “Contra nosotros siempre hay que hacer un gol más”.
En la previa de Boca, no es una declaración más.

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