julio 4, 2026

Fm Amiga – Hersilia

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Locura argenta en el Hard Rock: un estadio de celeste y blanco y aliento sin parar

“Por ahí, jefe”. Miami es Argentina: hasta los voluntarios que guían a los coches en el parking del Hard Rock Stadium lanzan latiguillos del Sur de América. La única diferencia entre Buenos Aires y La Florida está en los extremos del termómetro: del freezer a la freidora. Hay 40°C de térmica a la sombra de las palmeras. El sol refracta, las nubes lo esquivan. Pero el amor puede más.

La locura rankea con el nivel de humedad. Un tiburón plástico inflable albiceleste hace pogo con Thor. O, en realidad, Argenthor. Dentro del traje la temperatura se duplica, ¿y qué? Juega la Selección. Sólo vale eso. Y por eso los que están afuera hacen pogo en el fan zone. Agarran a Palmito y cantan con él su hit, el “quiero ver la cuarta estrella brillar en la camiseta”, haciendo saltar el contenido de los vasos ferneteros de la marca de cerveza americana más popular en esta Copa del Mundo. Adentro no hay agua mineral: por u$s 9 uno puede refrescarse mientras saborea por otros tantos verdes unas papas fritas con cheddar. No se recomienda llegar a tanto.

El gol de Leo se festejó así. (Reuters)El gol de Leo se festejó así. (Reuters)

David Beckham llegó temprano. Saco azul, pantalón a tono, remera blanca. Nadie sabe por qué no transpira, pero el tipo no lo hace. La gente canta que “el que no salta es un inglés” pero el hit se corta porque Dibu Martínez entra al campo, puño izquierdo al aire, aplauso a los cuatro costados antes de entrar en calor. Bandera en el pelo, look Qatar. Tintura que hace match con las tribunas: las cuatro albicelestes. Alguna camiseta de Colombia, un grupo de El Salvador con su trapo, otros tantos mexicanos. Un interesante grupo de caboverdianos. Pero la mayoría está con la elástica más linda.

La de Messi. La de Maradona. La de Enzo Fernández que gana adeptos. La de Julián y también la de Lautaro Martínez. Y los buzos de Dibu Martínez, claro: pasa Alberto, su papá, y la gente lo saluda. También a Alejandro, a Mandinha, Santi y Ava. Es como si se tratara de una tardecita familiar: nadie molesta. Cada cual con su fiesta. Del Muchachos al “Olé, olé, olá”. En el perímetro y también en el coloso futbolero que explota por primera vez a las 16.19 de Miami, cuando Leo encabeza el pelotón de jugadores.

Los hinchas argentinos por todos lados. (EFE)Los hinchas argentinos por todos lados. (EFE)
La fiebre argenta (EFE)La fiebre argenta (EFE)

La imagen lo poncha en la tevé, él alza la mano y saluda. Ritual de cada partido. Una mano arriba, luego la otra. Las cámaras en alto siguen el rito. El trote, la ronda para picar y activar las piernas. La elongación que comienza cuando lo indica el profe Luis Martín. El prematch se sigue con la misma atención que el partido, mientras se otea el cielo. ¿Va a llorar? ¿Rain delay? La gente pide que no. Aunque se distrae: vuelve a aparecer Leo en la pantalla con estadísticas.

Diego y el Indio (Reuters)Diego y el Indio (Reuters)
En todos lados del estadio, una misma camiseta. (EFE)En todos lados del estadio, una misma camiseta. (EFE)

Eso genera el Diez. Si hasta los FIFA volunteers lo pispean trotar. Es un ícono al que le gritan los goles en la pantalla gigante cuando la tevé repite cada uno de sus gritos. Estalla cuando faltando 40 minutos para el horario fijado el smart TV king size anuncia la nómina oficial, las lineups. “Vamos vamos, Selección. Hoy te vinimo’ a alentar… Para ser campeón, hoy hay que ganar…”. Pasión hecha verbo. Que explota en el calor imposible de La Florida. Donde el sueño se retroalimenta.

Antes de empezar, una multitud. (EFE)Antes de empezar, una multitud. (EFE)
La previa argenta antes de entrar (REUTERS)La previa argenta antes de entrar (REUTERS)
GLeto eterno (EFE)GLeto eterno (EFE)

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